Dime con qué vice andas y te diré qué gobernante serás

Por: Fernando Álvarez

Sí Paloma Valencia logró llenar 4 bases con sus más de 3 millones de votos en la Gran Consulta, Abelardo de la Espriella se conectó un batazo que la sacó del estadio con la selección de su fórmula vicepresidencial. Cuando El Tigre Abelardo decidió no ir a consultas porque le parecía poco sensato medirse con aspirantes que escasamente marcaban el 1% en los sondeos sabía que perdería algún protagonismo mediático en esa coyuntura, pero con el madrugón de su noticia al día siguiente de los resultados en la que revelaba que su fórmula vicepresidencial era el exministro José Manuel Restrepo se anotó un auténtico jonrón. No solo se puso de nuevo en primer plano del escenario, sino que dejó ver que El Tigre no es como lo pintan sus detractores. Nombrar a alguien con talla de estadista muestra la talla de estadista de De la Espriella y su escogencia refleja que entiende que el problema principal del país es su futuro económico.

Así sin populismos y sin cálculos mezquinos sobre cuántos votos puede traer a su causa, Abelardo de la Espriella envía un sólido mensaje a los organismos económicos multilaterales y le da un parte de tranquilidad al empresariado y al establecimiento colombiano que le temen a la continuación del proyecto neosocialista que anuncia triunfo de Iván Cepeda, el heredero del presidente izquierdista Gustavo Petro. El Tigre manda un mensaje de sensatez al mostrar que sabe ponderar el conocimiento y reconocer la experticia y esa es una señal de que la gerencia es lo suyo. Pero sobre todo refleja claramente que ha analizado con rigor el rol de quien lo habría de suceder en caso de falta total o parcial. Deja claro que comprende la responsabilidad de buscar alguien igual o mejor que el titular, lo cual pone de presente su concepción del Estado y su compromiso con la problemática colombiana. No buscó una figura popular sino un solucionador de crisis, un técnico responsable con las finanzas públicas.

Demuestra que sabe delegar y concertar con quien piensa diferente, incluso el propio exministro votó por Paloma Valencia. Además muestra que sabe sumar, no porque su escogido traiga votos sino porque trae ideas que suman, que agregan valor. Con esta decisión El Tigre puso un listón muy alto a sus contrincantes. Tan fuerte fue el cace que Paloma Valencia, la gran ganadora de la consulta, tuvo que pensar y repensar para terminar en lo que era casi obvio, nombrar a Juan Daniel Oviedo, quien había sido el palo de la Gran Consulta con mas de 1 millón de votos protesta y castigo a la clase política. Voto resultante de la acogida del elector alternativo bogotano, que sin duda se incrementó en las ultimas horas por cuenta del pésimo chiste de Abelardo, pero que prácticamente no agrega. Los votos de Oviedo son de los centroizquierdistas que le aplauden que no vea mal el gobierno Petro, a los que se sumó el voto de la comunidad gay indignada con la aparente homofobia, a medias, de El Tigre.

Estos ciudadanos contestarios per se, esta comunidad gay y estos ciudadanos alternativos no van a votar por Paloma Valencia por el hecho de haber incluido un representante de la inclusión. Votaron por Oviedo para hacerle un hueco en la consulta a la candidata uribista pero ellos prefieren un gobierno “progre”. Por otro lado es claro que el país quiere acabar con la exclusión, pero la que más le preocupa es la económica y en ese sentido De la Espriella le pega al tablero. Así como Abelardo agrega peso específico a su campaña, los demás aspirantes le quitan a las suyas con sus vices. La de Sergio Fajardo resultó predeciblemente tibia. Seleccionó con pinzas una ilustre desconocida, Edna Bonilla, por haber sido maestra y funcionaria en la educación. Fajardo no busco votos, ni prestigio, pero en un acto con tintes narcisistas lo que muestra es que le interesa más afianzar su impronta de priorizar la educación. Era su última oportunidad de equilibrar cargas, pero se le atravesó nuevamente el ego.

La calculada búsqueda de compañera de tarjetón del candidato petrista, Iván Cepeda, terminó en una operación mal calcada al escoger una líder indígena, Aida Quilcue, que parece más un símbolo del carácter clasista que le quiere imprimir a su campaña. Un guiño populista que pretende replicar el fenómeno racista de la vicepresidente negra que encontró Gustavo Petro. Pero esos votos ya los tenía Cepeda y no suman. Quizás algunos románticos de las minorías o intelectuales que posan de buenos samaritanos se convenzan, pero esos son literalmente una infinita minoría. Segundas partes nunca fueron buenas, decía El Quijote, y este caso no será la excepción. Francia Márquez sumaba porque era una líder de las negritudes y había sacado una importante votación en la consulta con Petro. Incluso había izquierdistas que la preferían a ella, pero la indígena si acaso la reconocen es sus cabildos y da para pantalla internacional.

El hecho es que si las abuelas decían dime con quién andas y te diré quién eres, con estas jugadas los candidatos han mostrado lo que realmente tienen. Por ejemplo, el caso de Martha Lucía Zamora, la coequipera del otro gran derrotado en las consultas, Roy Barreras, parece más un intento de hacer buenas migas con la justicia que un coqueteo a la izquierda seguidora de quien fuera el alter ego del exministro Iván Velásquez en sus cruzadas antiuribistas. La escogencia de Leonardo Huertas como fórmula vicepresidencial de Claudia López, la gran derrotada en la consulta, resultó un gesto de agradecimiento a quien se prestó para parecer su competidor con el fin de legitimar su ejercicio consultivo. No suma, no resta y no genera ni lástima. La selección de Luz María Zapata, ex mujer de Germán Vargas Lleras, parece un intento santista de Gilberto Murillo para dividir a Cambio Radical pero una gran parte ya está con El Tigre.

Lo cierto es que Abelardo de la Espriella logró recuperar con creces la imagen pública que se le había distraído con las consultas y la pantalla que brinda ese ejercicio. Como gran fajador sacó un segundo aire para continuar su campaña contra viento y marea, porque las oleadas antitigre se habían multiplicado exponencialmente. Así como crecían las simpatías por los que participaron en consultas, aumentaban los ataques contra El Tigre desde todos los flancos, la mamertada completa, la prensa filomamerta y los demás candidatos, incluso de la derecha, que pensaron que ganaban puntos demeritando a De la Espriella. Pero como iluminado por algo milagroso logró una jugada que le quitó varias cargas en combo. La mirada de que es un extremo derechista polarizante quedó con mucho menos piso al haber escogido como fórmula a alguien que viene del sector técnico, no se caracteriza por ningún radicalismo, es conciliador, busca conversar y sabe escuchar al otro.

Pero además le tapa de alguna manera la boca a ese mundo cachaco que lo ve un poco corroncho y al que le preocupa que algunas damas bogotanas lo miren de reojo por su patanería como cuando descalifica el ajiaco. Al tiempo que lima asperezas con la “gente bien” se reivindica con la academia que lo veía poco ortodoxo en esa materia. La imagen de que es un tanto iconoclasta y a veces desparpajado quedó menguada al mostrar que se sabe rodear y tiene tino para escoger. Y si ahora los vientos parecen correr nuevamente a favor de El Tigre y los movimientos ambivalentes de la formula vicepresidencial de Paloma Valencia, con su sÍ pero no frente a las exigencias de Juan Daniel Oviedo a Paloma para aceptarle, hay mucho uribista pura sangre que saltará a apoyar a Abelardo. Y muchos con la encrucijada en el alma como María Fernanda Cabal más temprano que tarde darán el salto para no caer en el vacío.

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