Por: Duván Idarraga
Durante el año 24, en mis columnas, mencionaba que mi mayor preocupación, desde el punto de vista macroeconómico del país, estaba relacionada con la situación de las finanzas públicas y el marcado déficit fiscal que sin lugar a dudas se iba a generar al finalizar el año. En una de esas columnas escribí: “Hay enormes dudas sobre la sostenibilidad fiscal de Colombia en el corto y en el largo plazo ante el crecimiento desbordado de los gastos versus las deficiencias en recaudo de impuestos, por ende, el incremento considerable del déficit fiscal del país tanto en el 2024 (estimado en el 5.6% del PIB) y con cálculos de que se mantendrá y podría acrecentarse en el 2025.”Se conoce el Plan Financiero para el 2025 del Ministerio de Hacienda a partir del cual la firma especializada Valora Analitik, en una columna del 7 de febrero del año en curso, escribió: “Gobierno Petro tuvo en 2024 el déficit fiscal mal salto en 20 años, sin contar la pandemia. El déficit del año pasado fue de 6,8 % del PIB, mientras que en 2020, por el Covid-19, llegó a 6,6 %.” (negrilla fuera del texto original). Peor imposible, es un resultado muy lejano al estimado que se tenía del 5,6% del PIB (quedó 100 puntos básicos por encima); además, supera el de la época de pandemia donde las necesidades fiscales del país se desbordaron para atender la emergencia; ahora, solo derroche y corrupción, porque ni siquiera hay inversiones que lo justifiquen. Importante destacar que estas son cifras de un documento oficial, para que los aliados del gobierno no salgan con el cuento que son cifras erróneas de la oposición y / o de los medios.En igual sentido se expresó el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (C A R F), en su comunicado número 13 (del 28 de enero, actualizado el 13 de febrero pasado ); deja ver que la situación es mucho más grave de lo que los escenarios más pesimistas habían estimado.
En su documento escribieron: “El déficit fiscal de 2024 superaría la meta del Marco Fiscal de Mediano Plazo y el ajuste requerido para 2025 es mayor que el contemplado en el decreto de aplazamiento.
El déficit fiscal de 2024 habría superado en alrededor de COP 21 billones la meta establecida en el Marco Fiscal de Mediano Plazo.
La posición de caja del Gobierno Nacional cerró 2024 en COP 3,7 billones, muy por debajo del promedio histórico. Se requiere un ajuste fiscal adicional de alrededor de COP 40 billones en 2025 para cumplir con la regla fiscal.
Para el CARF es claro que la situación en el 2025 tiende a mantenerse en ese nivel de criticidad si no se hace un ajuste importante por parte del gobierno en los egresos y ahí es donde radica mi mayor preocupación: La falta de voluntad y decisión del gobierno para ajustar de manera significativa los gastos de funcionamiento; recordemos que en sus 30 meses se han aumentado casi en un 50%.
Como he expresado en columnas anteriores la información del equipo técnico del Ministerio de Hacienda ha presentado grandes deficiencias en la estimación de los ingresos (tema reconocido por el saliente Director de la DIAN).
Cuando se hizo el presupuesto del 2024 era claro que no se iba a cumplir ni con la meta de recaudo, mucho menos con los ingresos adicionales estimados de manera irresponsable, lo que finalmente reventó las finanzas públicas a pesar de los esfuerzos de congelar montos de inversión del mismo presupuesto por una cifra cercana a los $40 billones.Si por el lado del Déficit fiscal llueve a torrenciales, por el lado de la Deuda Externa Pública (D E P), hay tifones.
A noviembre del 2024, según datos del Banco de la República, la DEP tiene un saldo US$113.747 millones, que comparados con los US$100.872 millones a agosto del 2022, representan un crecimiento de US$12.874 millones (un 12.76% más).
Este resultado derrumba la narrativa del gobierno Petro, sus bodegas y funcionarios que no han hecho sino culpar al gobierno de Iván Duque del crecimiento de la deuda externa.
Por el lado de la Inversión Extranjera Directa (IED), según estadísticas del Banco de la República, podría decirse que hay un tsunami: A junio del año 2022 está equivalía a US $5.043 millones, mientras a septiembre del 2024 llegó a US $3.270 millones; una disminución de US $1.773 millones que equivalen al 35.15% menos.
Tanto a nivel de finanzas públicas como de deuda externa los resultados son demasiado inquietantes; peor aún, las acciones del gobierno siguen siendo insuficientes para controlar el déficit fiscal.
Por el lado de los ingresos poco se puede hacer; con la emergencia económica por el Catatumbo el Ministro de Hacienda dice que espera recoger $3 billones, que frente a las necesidades fiscales del país, poco pueden aportar.
Adicionalmente, habría que esperar que determina la Corte constitucional en cuanto a la exequibilidad de la declaratoria de emergencia y por ende que las normas se mantengan. El gobierno se niega a hacer lo esencial que es una reducción significativa en el gasto público de funcionamiento que es donde hay mucho por recortar; le ha faltado decisión y voluntad política para hacerlo.
En cambio, continúan la corrupción desbordada y el derroche significativo con exceso de innecesaria burocracia, embajadas y consulados; los consabidos viajes que acaba de retomar el presidente con un periplo por el medio oriente.
No pudo ser peor la gestión económica y fiscal del gobierno Petro en 2024, al comparar con el 2022 (desde que se posesionó): El Déficit Fiscal aumentó del 4,3% al 6,8% del PIB (250 puntos básicos); la Deuda Externa Publica aumentó en saldo us$12.785 millones (12.76% más) y como porcentaje del PIB del 53% al 60% y la Inversión Extranjera Directa cayó US $1.773 millones que equivalen al 35.15% menos.
El único responsable de estos pésimos resultados es el gobierno actual que ya completa 30 meses. No tiene sentido que Petro, sus funcionarios y bodegueros sigan con la narrativa que todo es culpa del gobierno anterior. Son cifras y hay que darlas. Contra los números es imposible debatir.
