Carlos Suárez: el estratega que creó la marca del Tigre Abelardo, la campaña más potente de la historia política en Colombia

El 25 de mayo, más de diez millones de colombianos votaron por Abelardo De La Espriella en la primera vuelta presidencial. Ninguna encuesta lo había dimensionado. Ningún analista lo había predicho con esa magnitud. Detrás de ese resultado hay un hombre que durante toda la campaña prefirió mantenerse lejos de los reflectores, que no da entrevistas, que no busca el protagonismo, pero al que sus propios adversarios reconocen como el cerebro de la operación. Se llama Carlos Suárez. Y lleva veinte años construyendo la marca De La Espriella.

Suárez es abogado, hijo de un exmagistrado presidente del Consejo de Estado, formado en el rigor jurídico pero con una vocación que siempre apuntó hacia otro lugar: la comunicación, la estrategia, el poder de construir narrativas que muevan a las personas. En 2014 cofundó junto al periodista Óscar Ritoré la firma Estrategia y Poder, que en poco tiempo se convirtió en una de las consultoras de comunicación política más reconocidas de Colombia y América Latina.

La firma ganó el Premio Victory Awards en la categoría de oratoria y comunicación política en la Universidad Georgetown en Washington, compitiendo contra 21 agencias de Argentina, México, Paraguay y otras diecisiete naciones. Ganó. Luego volvió a Washington y se llevó el Napolitan Victory Awards a la mejor campaña audiovisual del año por el trabajo Todos somos el Río Cauca, y fue finalista de la mejor campaña regional con el eslogan Escuchar para cambiar, del Partido de La U. En el circuito internacional de la comunicación política, esos galardones equivalen a ganar un Grammy. Colombia los ganó desde Bogotá.

Pero el proyecto más ambicioso de Suárez nunca estuvo en un salón de premios. Estuvo en el tercer piso de las oficinas de De La Espriella Lawyers en Bogotá, donde durante dos décadas trabajó con Abelardo en algo que muy pocos estrategas logran: construir una marca personal tan sólida que trasciende al individuo y termina siendo un fenómeno cultural.

Lo que hizo Suárez antes de la campaña presidencial explica por qué la campaña presidencial funcionó. Estuvo detrás del Ron Defensor y del vino Fratellone, los licores que convirtieron el nombre de Abelardo en un producto de consumo masivo cuando todavía era simplemente el abogado penalista más conocido del país. Impulsó De La Espriella Style, la línea de ropa que llevó ese nombre a los centros comerciales. Construyó la plataforma digital De La Espriella App. Suárez entendió antes que nadie que para que Abelardo pudiera aspirar a la presidencia primero tenía que ser una marca que los colombianos sintieran suya, algo que tocara su vida cotidiana antes de pedirles su voto. Esa es una lección que la política colombiana tradicional nunca aprendió.

Estrategia y Poder ha asesorado a Dilian Francisca Toro, a Álex Char, a Clara Luz Roldán y al exembajador Alejandro Ordóñez, entre otros. Suárez conoce todos los espectros del establecimiento político colombiano. Pero ninguna de esas asesorías tuvo la escala ni la profundidad de lo que construyó con Abelardo, precisamente porque con Abelardo no empezó en una campaña. Empezó veinte años antes.

Su filosofía es clara y la ha expresado sin rodeos: no gana el que repite discursos acartonados, gana el que cuenta mejor la historia. Un candidato no gana por propuestas, gana por emoción. Sus críticos han usado esas frases para atacarlo. Lo que no entendieron es que esas frases no son cinismo: son una descripción precisa de cómo funciona la política en cualquier democracia del mundo. Suárez simplemente tuvo la honestidad de decirlo y la disciplina de aplicarlo.

Lo que diseñó para 2026 fue la versión más sofisticada de esa filosofía. El concepto del Tigre, el eslogan Firme por la Patria, la identidad visual, el tono que combinó combatividad y cercanía: todo eso tiene su firma, desarrollada junto a Abelardo en conversaciones que llevan dos décadas tomando forma. Junto al experto digital chileno Christian Abarzúa, Suárez fue el arquitecto de los videos producidos con inteligencia artificial que se convirtieron en uno de los sellos más reconocibles de la campaña, piezas construidas con una velocidad y un sentido de la oportunidad que sus adversarios nunca lograron igualar.

Pero la inteligencia de la operación no estuvo solo en lo digital. Suárez entendió que una campaña que solo vive en las redes es una campaña que no existe. Lo que construyó fue un movimiento que arrancó en las pantallas y se materializó en las calles. La narrativa digital le dio combustible a la presencia física de Abelardo, y la presencia física le dio credibilidad a la narrativa digital. En menos de un año, cualquier colombiano en cualquier rincón del país sabía quién era Abelardo De La Espriella. Eso no ocurre solo. Eso se diseña.

El resultado habló por sí solo. Una victoria construida desde cero, sin maquinaria regional comprada, sin los partidos tradicionales, sin los apellidos de siempre. Más de diez millones de colombianos respondieron a una narrativa que Suárez había estado afinando durante veinte años: la del hombre que no le debe nada a nadie, que habla sin filtros, que representa a los que están hartos de los de siempre. La de los nunca contra los siempre.

En el tramo final de cara al 21 de junio, Suárez sigue afinando los últimos mensajes de una campaña que ya cambió para siempre la manera de hacer política en Colombia. Lo hace desde el mismo lugar de siempre: el tercer piso, cerca del candidato, sin buscar los reflectores. Como lleva veinte años haciéndolo.

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