Hay trayectorias políticas que se construyen desde arriba y hay otras que se construyen desde la tierra misma. La de Carlos Felipe Mejía Mejía pertenece a las segundas: empezó como líder cívico en Caldas en el año 2000, se formó como ingeniero agrónomo en la prestigiosa Escuela Agrícola Panamericana de Zamorano, en Honduras, y administró empresas familiares del sector agrícola antes de dar el salto a la vida pública.
Ese arraigo con el territorio y con la producción real del campo colombiano es, hoy, parte de lo que Abelardo de la Espriella reconoce al ponerlo al frente de una de las embajadas más importantes del servicio exterior colombiano: la de España.
Mejía, manizaleño de 63 años, fue elegido diputado de la Asamblea de Caldas en 2007 y participó en la fundación del movimiento Democracia Viva, inspirado en el manifiesto programático de Álvaro Uribe Vélez, con quien construyó una cercanía política que lo llevaría después a ser una de las figuras fundadoras del Centro Democrático.
Llegó al Senado de la República en 2014 y se mantuvo allí durante dos periodos consecutivos, hasta 2022, presidiendo en ese tiempo la Comisión Quinta, encargada de los asuntos agropecuarios, ambientales y de recursos naturales del país — la comisión donde, con más propiedad que casi ningún otro congresista, podía hablar con conocimiento de causa sobre la tierra que lo formó.
A esa base técnica y política sumó una formación internacional de peso: una maestría en Gobierno y Gestión Pública en América Latina de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, la misma ciudad donde ahora representará los intereses de Colombia.
Ese vínculo académico previo con España le da al nombramiento una lectura que trasciende lo político: quien llega a Madrid ya conoce el terreno, el idioma institucional y buena parte de los códigos con los que deberá moverse desde el primer día.
Su llegada a la embajada también reconoce algo que su equipo destaca con insistencia: fue de los primeros dirigentes históricos del uribismo en romper con el Centro Democrático para respaldar tempranamente la candidatura de De la Espriella, en un movimiento que otros sectores de derecha interpretaron como una señal decisiva para consolidar alianzas regionales durante la campaña.
Ese respaldo temprano, sumado a una carrera construida con paciencia durante más de dos décadas —de diputado regional a senador nacional, y ahora a embajador—, lo convierte en una de las piezas más consolidadas del nuevo equipo de gobierno. Asumirá el cargo el 7 de agosto, en una de las representaciones diplomáticas más estratégicas del país por los profundos vínculos económicos, comerciales, culturales y migratorios que unen a Colombia con España.




