La jornada del 31 de mayo en Colombia captó la atención de los principales medios internacionales. El resultado, un outsider de derecha superando al candidato oficialista con más de 10 millones de votos, generó titulares que Colombia no había visto desde hace décadas.
Bloomberg fue directo: «El abogado celebridad Abelardo de la Espriella encabezó inesperadamente la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, configurando otra elección altamente polarizada en América Latina. El outsider conservador está en una posición sólida para convertirse en el próximo presidente del país.»
Reuters describió a De la Espriella como un «outsider de derecha» y registró su ventaja sobre Cepeda desde los primeros boletines de la Registraduría.
El Mundo de España lo llamó «un tsunami». DW de Alemania destacó que «las encuestas preelectorales daban a Cepeda una ventaja notable» y subrayó el fracaso de los sondeos.
CBS News enmarco la jornada como «colombianos hartos de la violencia envían candidatos radicalmente distintos a la segunda vuelta en unas elecciones de alto riesgo», comparando a De la Espriella con Nayib Bukele en su rechazo a las críticas de derechos humanos y su promesa de retomar la fumigación aérea con glifosato.
AFP tituló «el favorito de las elecciones colombianas promete bombardeos contra campamentos narcos con respaldo de Estados Unidos» y destacó la frase del propio candidato: «Tengo el carácter, el temperamento, el ímpetu, la pasión y — perdonen el español — los huevos para hacer lo que Colombia necesita.»
El consenso internacional en la narrativa fue uniforme: nadie lo vio venir con esa magnitud. Las encuestas habían creado una realidad paralela que el electorado colombiano desmontó en las urnas.
Lo que también registró la prensa internacional fue la reacción de Petro. Su declaración «como presidente no acepto los resultados» generó cobertura inmediata en todos los medios citados — presentada no como una denuncia creíble sino como la reacción de un gobierno que no acepta la derrota.
Colombia llegó esta noche al mapa global no como el país del conflicto sino como el escenario de uno de los giros políticos más inesperados del año en América Latina.
