Amigo lector: ¿Ha pensado usted en lo que está en juego el 21 de junio?

 Por: Juan José Gómez

Cada elección en Colombia importa. Sea de presidente, gobernador, alcalde, o congresista, diputado o concejal; todas determinan el rumbo de nuestras familias y de nuestra nación. Pero la jornada del próximo domingo no es una más: es un punto de quiebre.

No se trata únicamente de escoger quién gobernará cuatro años, sino de definir el régimen que marcará el destino de Colombia. Dos caminos se abren ante nosotros: el de Abelardo De la Espriella, centroderechista que promete respeto a la Constitución, seguridad frente a criminales y guerrilleros, fortalecimiento del sector privado para generar empleo, recuperación del sistema de salud y lucha contra la desigualdad; o el de Iván Cepeda Castro, representante de una izquierda radical que amenaza con estatismo, debilitamiento de las libertades, marchitamiento del sector privado y continuidad del desgobierno de Gustavo Petro.

La historia nos advierte. Venezuela cayó en la trampa de Hugo Chávez: elegido por voto popular, se aferró al poder mediante fraude y dictadura, herencia que Nicolás Maduro prolongó en medio de miseria y represión. ¿Queremos repetir ese destino? ¿Queremos que Colombia, con más de cincuenta millones de habitantes, se convierta en un Estado fallido por falsas promesas y corrupción?

El voto del 21 de junio no es un trámite: es un acto de conciencia, de responsabilidad y de amor por la patria. No podemos ser indiferentes. La democracia se defiende con decisión, y el futuro de nuestros hijos depende de que hoy digamos con firmeza: Colombia no será sometida. Colombia será libre.

La grandeza de una nación no se mide únicamente por sus riquezas materiales, sino por la fortaleza moral de su pueblo. Cada ciudadano que se acerca a las urnas lleva en sus manos el peso de la historia y la esperanza de las generaciones venideras. No votar, o votar sin reflexión, es renunciar a ese deber sagrado.

Recordemos que la libertad no es un regalo perpetuo: es una conquista diaria que exige valentía. Nuestros padres y abuelos defendieron con sacrificio la posibilidad de vivir en democracia. Hoy nos corresponde a nosotros mantener encendida esa llama.

El 21 de junio será un día decisivo. No se trata de elegir entre dos nombres, sino entre dos destinos: el de una Colombia que avanza con orden, justicia y prosperidad, o el de una Colombia que retrocede hacia la tiranía y la miseria.

Que nadie se quede al margen. Que cada voto sea un grito de dignidad. Que cada ciudadano recuerde que la patria no se entrega, se defiende. Y que al final de la jornada podamos decir, con orgullo y esperanza: hemos elegido la vida, la libertad y el futuro de Colombia.

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