¿Son necesarios los impuestos?

Por: Andrés Villota Gómez

La Primer Ministro del Reino Unido, Liz Truss, líder suprema del Partido Conservador propuso reducir los impuestos, lo que provocó críticas de los mismos parlamentarios de su partido, del Fondo Monetario Internacional, de Moody’s la calificadora de riesgo, de los fundamentalistas de Greenpeace y, además, desencadenó una fuerte caída del valor de la Libra Esterlina en los mercados de divisas.

Truss considera que: “Reducir los impuestos es lo correcto desde el punto de vista moral y económico. Moralmente porque el Estado no gasta su propio dinero, sino el de los ciudadanos. Económicamente porque si la gente conserva más de su propio dinero, se inspira para hacer más de lo que sabe hacer. Esto es lo que hace crecer la economía”. Liberalismo clásico puro, parece cómo si Adam Smith le hubiera escrito el discurso a Liz Truss.

Autonomía de los ciudadanos frente al Estado que no interviene en la actividad económica de los particulares, ni les coarta sus libertades económicas, ni les roba el producto de su trabajo. La “Mano Invisible”, de la que hablaba Smith, se encarga de orientar a la economía para atender las necesidades reales de una sociedad, fomenta la libre competencia y asigna los recursos a los más eficientes, a los más competitivos, a los mejores, lo que genera una perfecta formación y asignación de los precios sin distorsionar el normal funcionamiento de los mercados.

La intervención del Estado crea inequidad, pobreza y desempleo porque, con su presencia, distorsiona la realidad y hace ineficiente al mercado. Colombia, vivió en el paraíso del Liberalismo económico clásico durante el periodo comprendido entre el año 1863 y el año 1886 que tuvo vigencia la Constitución de Rionegro. Las funciones del Estado se limitaron a preservar el orden público y garantizar el respeto de las libertades individuales.

Esa Constitución, por ende, promovió la libertad económica y la sana competencia que generó eficiencias en la actividad del libre mercado. El texto de esa Constitución de corte federalista, también, instituyó la enseñanza de materias útiles para la productividad y el desarrollo económico de Colombia que permitiera la pertinencia educativa, determinante en el funcionamiento óptimo del mercado laboral que elimina la posibilidad de que exista desempleo.

El presidente Álvaro Uribe pretendió hacer lo mismo durante su gobierno, preservando el orden público y garantizando el respeto a las libertades económicas, afectadas de manera grave por el accionar terrorista de la extrema izquierda que hoy gobierna a Colombia.

El presidente Uribe, también, redujo los impuestos y el tamaño del Estado, lo que hirió de muerte a esa clase dominante que empezó a odiar a Uribe, esa minoría parásita que vive de lo que produce la mayoría de colombianos a los que dominan y explotan en nombre de la pobreza, la paz, el cambio climático y otras tantas causas que no admiten cuestionamientos, ni auditorías, perfectas para justificar el expolio a gran escala.

El origen del Partido Liberal colombiano, se remonta a la ideología económica Liberal clásica que explica la orientación de la Constitución de Rionegro. El partido Conservador, por el contrario, se basaba en las ideas del Mercantilismo que trataba de proteger a las economías nacionales con aranceles y tributos en contra del libre mercado como quedó plasmado en la Constitución colombiana de 1886.

La formación de la clase política colombiana hizo que la ideología de esos partidos políticos se termine acomodando a los intereses económicos personales de sus dirigentes, que adaptan su discurso político al que les generará mejores y más ingresos a sus bolsillos.

El discurso de cobrar muchos más impuestos se impuso sobre el discurso de buscar el bienestar de la sociedad. El concepto de “Liberales” en Colombia, mutó a Socialistas con Alfonso López Pumarejo al adoptar el New Deal (Nuevo Pacto) creado por Keynes por encargo de Franklin Delano Roosevelt e introducido en nuestro medio bajo el concepto del “Estado Social de Derecho”.

El presidente Alfonso López Pumarejo, justificó que el Estado interviniera y se metiera en todo para proteger “lo social”, que le dio vía libre al Estado colombiano para aumentar los impuestos sin piedad. Sorprende que alguien tan preocupado por “lo social”, como López Pumarejo, no hubiera donado su inmensa fortuna a los más pobres de Colombia, sino que la utilizó para irse a vivir al lado de los masones más acaudalados de Londres, en una mansión en la calle Wilton Crescent del exclusivo barrio de Belgravia.

Luego, los militantes del Partido Liberal, se convirtieron en Fascistas con Jorge Eliecer Gaitán, formado en la Italia de Benito Mussolini, al que admiraba y emulaba con las banderas negras, la vestimenta negra de los gaitanistas (los Camisas Negras Fascistas), la Marcha del Silencio (la Marcha sobre Roma) y hasta en su forma de echar discursos.

El ingreso del Partido Liberal colombiano a la “Internacional Socialista” (Marx y Engels usaban las palabras “comunismo” y “socialismo” como sinónimos) fue la confirmación que previamente habían hecho López y Gaitán, de su viraje total al modelo de dominación estatal comunista dependiente del cobro desmesurado de los impuestos.

Entonces, los “Liberales” colombianos, que desde el Siglo XIX ya no tenían nada de Liberales, no podían estar en contra de los Liberales económicos clásicos por una contradicción semántica. La solución fue irse en contra de los Neoliberales que retomaban los postulados del Liberalismo de Smith y de Ricardo pero se llamaban un poco diferente y eso era suficiente para que lo entendiera la población más ignorante, que eran los que votan siempre por el Partido Liberal colombiano, el del trapo rojo.

Uno de los primeros que empezó a descalificar y a satanizar al Neoliberalismo fue el presidente liberal, Ernesto Samper Pizano, tal vez, porque fue una víctima de las altas exigencias del Neoliberalismo que solo premia a los mejores, a los más eficientes, a los más competentes.

Samper Pizano, resentido desde su época de estudiante universitario, viendo cómo conseguían trabajo todos sus compañeros de clase en las mejores empresas del país, tuvo que recurrir a una de sus compañeras de pupitre que era la esposa del hombre más rico de Colombia, en ese momento, para que le consiguiera una corbata en la ANIF porque su preparación y su nivel académico no le daba para más.

Que “lo social” siga siendo un problema, que la pobreza aumente, que la paz no se consolide, que el “cambio climático” sea inevitable detenerlo y que otras tantas causas no muestran avances positivos o mejoría, sino que han empeorado y ya casi se van a derretir los polos, es la prueba reina de que aumentar los impuestos, jamás ha sido la solución para enfrentar los problemas de Colombia.

Aunque reducir los impuestos, reducir el tamaño del Estado, disminuir el gasto público inútil, promover un entorno productivo libre de terrorismo; favorece ampliamente a la mayoría de los colombianos, la minoría parásita que los domina, sistemáticamente, ha descalificado esas posibilidades porque sabe que significa su ruina (la de la minoría parásita).

Eric Adams, alcalde de la ciudad de Nueva York, que le cobra impuestos enormes a sus 8’550.000 de habitantes, declaró a la ciudad en emergencia económica porque no tiene plata para atender a 61.000 inmigrantes ilegales que llegaron a una de las ciudades auto declaradas, por sus alcaldes Demócratas, como “paraísos” para los inmigrantes ilegales.

Cuando ocurre alguna catástrofe, lo primero que hacen los burócratas, es solicitarle a los particulares que hagan donaciones para atender la emergencia porque la plata que los mismos particulares pagaron en impuestos, no la tiene disponible el Estado para poder atender a la emergencia. En una ciudad como Bogotá, los ciudadanos tienen que financiar las obras públicas que los benefician con una supuesta valorización de sus inmuebles porque, la Alcaldía, ya no tiene plata después de repartir entre los burócratas municipales lo recaudado en impuestos. Se ha llegado a extremos tan aberrantes como llevar a cobro jurídico a los bogotanos que no pagaron las obras que no se hicieron.

Para evitar que existan grandes estallidos sociales, si el pueblo se da cuenta que los están robando con los impuestos, venden la falacia que los ricos son los únicos que pagan impuestos, cuando la realidad es todo lo contrario. Ricos como la cantante Shakira que cada cinco meses y medio cambia su residencia para evitar pagar impuestos, demuestra que los ricos no son los que pagan los impuestos. El debilitamiento político de esa minoría dominante y el saqueo descarado del erario público, llevado a cabo por esa misma minoría voraz, abrió en el mundo el debate sobre la necesidad de los impuestos.

¿Llegó el momento de volver a la Constitución de Rionegro? ¿Ese es el verdadero cambio que necesita Colombia?

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