Por: Andrés Villota Gómez
«La Fábrica de Cretinos Digitales» es el título del libro escrito por el neurocientífico Michel Desmurget, director de investigación del Instituto Nacional de la Salud de Francia, en el que cuenta con datos reales, cómo los dispositivos digitales están afectando, negativamente, al intelecto de niños y jóvenes.
La Generación ZETA, es la primera generación en la historia, con un coeficiente intelectual (IQ) más bajo que el de la generación anterior, contradiciendo una tendencia en la que el coeficiente intelectual aumentaba de generación en generación, un fenómeno conocido como el “Efecto Flynn”.
Colombia, en esta medición, quedó en el puesto número 92, entre 137 países, ocupando uno de los últimos lugares en la región y entre los países miembros de la OCDE. Nada que no se soluciona, diciendo que los jóvenes colombianos son resilientes, que son echados pa’lante y que no son el futuro sino el presente. El intelecto es una facultad que tiene la mente humana que le permite aprender, entender, razonar y tomar decisiones.
Se trata de la capacidad de procesar información, generar ideas, analizar el entorno y conocer la realidad, diferenciándose del instinto, de los sentimientos, de las emociones, de los sesgos cognitivos y de los deseos. Privilegian los instintos y los sentimientos, muy por encima de la razón, del criterio informado, del sentido común y, en general, de usar el cerebro para pensar.
El más reciente discurso de graduación de la, supuesta, mejor universidad privada de Colombia, hecho por la egresada más notable y representativa de la institución educativa, es una oda al instinto, a lo sensorial, al deseo, a los sueños y a lo sentimental.
Una generación de descriteriados porque nunca aprendió a leer de manera crítica para, a partir de la lectura de dos textos o más, de diferentes autores, generar su propia producción, cuestionando, analizando diferentes corrientes de pensamiento hasta formar su propio criterio que le permita tomar decisiones, autónomas, sin la necesidad de hacer todo lo que le impone un analfabeta en su cuenta de TikTok o Youtube.
Se trata de una generación conformada por grupos “Tecnofeudales” que, a pesar de poseer herramientas con las que tienen acceso ilimitado al conocimiento, en tiempo real, terminan sub utilizando su cerebro, lo que les impide tener una visión contemporánea del mundo y, por el contrario, mantienen una visión primitiva, totalmente Medieval.
No son ellos mismos, son personajes que interpretan, haciendo de su vida un eterno performance que los hace inmunes al fracaso. Fracasa el personaje, no ellos. No existen responsabilidades, culpas o consecuencias. No aceptan la verdad y la realidad porque eso implica aceptar que fueron unos brutos, unos tontos y que su vida fue un engaño permanente.
Esta generación, le creyó a Rockefeller lo que dijo en el Siglo XIX, que el petróleo es un fósil de dinosaurio derretido y a Greta, en el Siglo XXI, que se inventó que, por eso, todos se van a morir ahogados en el agua derretida de los polos. También, cree que, Hispanoamérica, es pobre porque los españoles se llevaron en unos barcos, toda la riqueza natural del continente.
Es la primera generación en creer que una mamá tiene el derecho de asesinar a su hijo porque, el hijo, hace parte de su cuerpo. Hasta cree, que un hombre que siente placer disfrazado de mujer, no es un hombre, es una mujer.
El gran filosofo contemporáneo, Agustin Laje, por todo lo expuesto anteriormente, define en su libro a la Generación Idiota e incluye a todas las edades, es decir, los miembros de la Generación Zeta, no son los únicos que pertenecen a la Generación Idiota y, obvio, sobra decir, tampoco, todos los nacidos durante estos años (1995-2010), hacen parte de los idiotas de esta generación.
Los adultos, algunos de ellos, padres de los jóvenes de esta generación, las Universidades y los grandes emporios corporativos, por aquello del sesgo de la confirmación, al sentirse culpables de la generación de perdedores y de fracasados que fabricaron, han terminado justificándose, defendiendo su mediocridad y adoptando la hipersensibilidad y la entronización de lo emocional en su vida personal e institucional.
Ante la ausencia de la razón, terminaron naturalizando los crímenes de toda índole, hasta los de lesa humanidad porque, en la lógica de la Generación Idiota, lo inmoral, como el incesto, no tiene que ser considerado un delito. Afirman que le pedofilia es una preferencia sexual y les parece lógico que el M19, las FARC y el ELN, se roben a los niños para venderlos a la élite pedófila global, mientras aborrecen a las Fuerzas Armadas colombianas por tratar de evitarlo.
Los asesinos no pueden estar en la cárcel porque eso es una violación a sus derechos humanos. He visto casos aberrantes de periodistas de la Generación Idiota que, sin pudor alguno, insinúan que la victima de una agresión debe dejarse matar antes que tener la osadía de defenderse por considerarlo una violación a los derechos humanos del asesino en potencia.
Infundir miedo, terror, con falsas amenazas, es la única alternativa, la única herramienta que tienen. Sofía Petro amenazó a toda una nación, advirtiendo que si no ganaba su papito en las elecciones presidenciales, iba a desatarse una ola de terror y muerte igual o peor, que la desatada por Jennifer Dalley Pedraza con el objetivo de presionar al presidente Iván Duque para aumentar los, ya abultados, ingresos de sus profesores.
Las Reflexiones sobre la Violencia de Georges Sorel, escrito hace más de un siglo, es retomada por la Generación Idiota ante la ausencia total del uso de los argumentos y del sentido común. Seres básicos y primitivos, salvajes, que usan la violencia como su única forma de participar en política.
Llenaron la narrativa política de un montón de taras y de conceptos falsos que, nadie puede refutar o controvertir porque es acusado de promover el “Discurso del Odio”, un sentimiento, algo instintivo, que se convierte en una forma de criminalizar el conocimiento, la razón y los argumentos basados en los hechos y en los datos. Incapaces de leer, de pensar, de razonar, sus posiciones políticas se limitan a juicios de valor y a críticas a las formas, que alguien les dice que tienen que repetir.
Exaltan, del político, su género si es mujer, su raza si es negro, sus preferencias sexuales si es gay o la pertenencia a alguna minoría supremacista. Nada de fondo porque esto implica leer o ver completo un video. Son los idiotas útiles, perfectos, para que los políticos tradicionales corruptos y su sistema de dominación social, se perpetúen, sin resistencia alguna.
Las redes sociales es la industria con peor reputación en el mundo, incluso peor que la mala reputación de los medios de comunicación tradicionales y los banqueros y, aunque los políticos tradicionales y los influencers son las personas en las que menos confía la sociedad, según EDELMAN, el nuevo Congreso de Colombia está repleto de políticos tradicionales y de influencers que operan en las redes sociales.
Una contradicción, solo posible en el universo paralelo de la Generación Idiota. No logran entender la correlación entre elegir al que gobierna y las consecuencias en su entorno inmediato. Les parece lógico y normal, entonces, votar por drogadictos, teguas, semi analfabetas, actrices porno, pedófilos, asesinos, ladrones, estafadores, cómo si, en el fondo, la Generación Idiota se sintiera identificada y representada por esta pleyade de criminales y desadaptados sociales.
Son animalistas pero les encanta la política que promueve la castración de los gatos y perros callejeros y les parece lo máximo, el político que utiliza como plataforma de su campaña el “periodicazo”, una forma de maltrato animal y una forma de equiparar a los colombianos con los animales. Posan de supremacistas intelectuales pero les encanta el Centro porque, en el Centro, no tienen que pensar en nada, no hay propuesta alguna, nada diferente a promesas sensoriales y un torbellino de emociones.
Aman, también, a la Izquierda porque les promete un mundo utópico en el que pueden seguir revolcándose entre el fango de la mediocridad, de la ignorancia y de la mendicidad estructural del todo gratis sin esfuerzo alguno.
La excelencia no es una opción para la Generación Idiota, por esto odian a Trump, a Milei, a Bukele, a Bittar, a De la Espriella y a los Libertarios, porque proponen una sociedad de los mejores, de los eficientes, de los trabajadores, de los productivos, de los inteligentes, de los pragmáticos, nada que ver con la Generación Idiota, que sabe y es consiente que, con su bajo IQ, su ignorancia proverbial, su pereza intelectual y su nula capacidad para producir o trabajar, no va a tener cabida en el mundo del futuro inmediato.
