No es la “maldita” mermelada, es la maldita corrupción

Por: Fernando Torres Mejía

En mi columna anterior titulada ¿Por qué los demás pueden y Colombia no?, la enfoque precisamente en la corrupción y como en Singapur y El Salvador se libra una guerra frontal sin ninguna “misericordia” ni “piedad” con tal de erradicar esa plaga que condena a los pueblos a seguir viviendocomo esclavos, con hambre, enfermedades, sin que se les cubra las necesidades básicas a pesar de que vivimos en un país que lo tiene todo y que le alcanza para alimentar anualmente la corrupción que ronda los $50 billones de pesos. 

La corrupción en Colombia es tan “normal” como los secuestros, la extorsión, las masacres, las violaciones de niños, los feminicidios, el reclutamiento de menores, etc., que ya no nos escandalizamos con las noticias que a diario titulan los medios tradicionales o las redes sociales, se nos volvió paisaje, el pan de cada día, en otras palabras, estamos frente a un estado indolente que se hizocómplice de esta práctica por la falta de “mano dura”. 

Esta semana nos enteramos de los actos de corrupción por las administraciones de Daniel Quintero (Medellín), Jorge Iván Ospina (Cali), a quien la Fiscalía, por fin, se acordó, aunque tarde, que este alcalde acabo con la ciudad y que no hubo un solo día de los 4 años de su mandato, que no se conocieran escándalos de corrupción, también se habla de Claudia López (Bogotá) por cuenta de la entrega de dinero en la construcción de la obra del Metro por más de $10.000 millones de pesos. Para cerrar la semana con bombos y platillos, se produce la captura de uno de los senadores más querido y respetado del Centro Democrático, Ciro Ramírez,acusado de los delitos de concierto para delinquir, cohecho e interés indebido en la celebración de contratos, ojalá no fuera cierto.

Claro, toda persona es inocente hasta que se le compruebe lo contrario, pero como dice el refrán, “cuando el río suena, piedras trae”, por algo será, es que además la Corte Suprema de Justicia quienprofirió la orden de captura, lleva varios meses en esta investigación donde estaría implicado en un entramado corrupto liderado por el exsenador Mario Castaño (QPD), que se apropió de una cifra cercana a los $43.000 millones de pesos.

Ahora bien, están felices los simpatizantes del Pacto Histórico porque uno de los integrantes de la oposición está inmerso en este escándalo, pero se les olvida que el gobierno actual al que pertenecen, inicio con pie “Izquierdo” por cuenta de los dineros del narcotráfico, por el pacto de la picota, por los escándalos del hijo y del hermano de Petro, por el negocio de los pasaportes, el nuevo periódico denominado “vida” que nos costara $635 millones mensuales, y por un sinnúmero de actos de corrupción que no me alcanzaría el espacio de esta columna para mencionarlos y ni que decir de los que también presuntamente ha protagonizado la vicepresidente por cuenta del Sisbén, etc.

El problema de la corrupción es una práctica común para la gran mayoría de integrantes de los partidos, porque en la mira de la Corte Suprema de Justicia en el mismo expediente del señor Ramírez, también estarían involucrados otros 5 senadores de diferentes movimientos políticos y un excandidato a la Cámara por el Valle del Cauca, que por cierto estos personajes, se pavonean como pavos reales hablando de moral y principios, mientras lo convierten en un deporte nacional donde lamentablemente los únicos perjudicados son los colombianos a quienes les suben los impuestos, los alimentos, la salud, la educación, se genera desempleo, desnutrición, miseria hasta muertes, etc. 

Los únicos caminos para acabar o al menos minimizar este delito son los que he venido insistiendo que se tienen que implementar si queremos resultados:

1. Muerte política.

2. Confiscación de todos los bienes del, o los implicados.

3. Perdida de la pensión de jubilación.

4. Perdida de la libertad, pero en cárceles con barrotes, no en guarniciones militares o en pabellones especiales con lujos y prebendas.

Si no se toman estas medidas, jamás erradicaremos este fenómeno que solo es atribuible a la condición humana por la pérdida de principios y valores de los individuos que se dejaron permear por el dinero fácil, aquellos que no piensan en las graves consecuencias que genera esta práctica vil y cobarde, así que el problema no es la “maldita” mermelada, es la maldita corrupción.

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