Por: Jorge Enrique Pava Quiceno
En Manizales comenzamos 2024 con un aire nuevo, de esperanza, de tranquilidad y con un espíritu de ilusión que se finca en una luz al final del largo y tenebroso túnel por el que anduvimos los últimos años. Y se siente no solo en el ambiente festivo que, por fortuna, nos extiende un poco más las fiestas navideñas y la rotación de dinero en la economía local, sino en el optimismo de la gente y en la forma como se proyecta el ciudadano para reemprender su camino.
Hay mucho por hacer. ¡Y rápido! Porque, a pesar de que el alcalde Jorge Eduardo Rojas viene trabajando desde el mismo día de su triunfo electoral, el municipio de Manizales y sus institutos descentralizados requieren de un minucioso análisis para determinar las acciones que se deben emprender para recuperarlos o, en algunos casos, liquidarlos definitivamente y erradicar vicios, enquistamiento de corrupción y trámites espurios que legitiman la fuga de nuestros recursos.
Es una ardua tarea que, unida a la voluntad del ciudadano, conseguirá asegurar una pronta mejoría y resultados en nuestra recuperación. Lo primero será determinar la verdad de nuestra situación; posteriormente ver alternativas de solución; y, por último, activar el plan de choque que se convierta en soluciones efectivas para salvar empresas y recomponer el municipio.
Y desterrar el espejo retrovisor. El alcalde tiene la madurez y el conocimiento suficientes para actuar en procura de soluciones, sin dejarse tentar por riñas pueriles y ridículas que le plantean desde los rescoldos de la Bodeguita Verde o desde cuentas ya marchitas de redes sociales; como también el conocimiento suficiente para gobernar bien, y la sindéresis para que, después de conocer el presente, se enfoque enconstruir sobre las ruinas, recomponer lo que queda de improvisados inicios, proyectar pensando en nuestro desarrollo, y emprender las acciones legales, estructurales y de planeación y control.
La confianza es absoluta. El pueblo se manifestó en las urnas con la más alta votación de la historia y en pocos días hemos visto cómo recuperamos la seriedad de la alcaldía, la institucionalidad, el decoro por las costumbres y la efectividad de la administración plasmada en orden, seguridad, autoridad y respeto. Diez escasos días del año (y del gobierno) y vemos un cambio radical que nos nutre la esperanza de una ciudad nuevamente por el camino del progreso, desarrollo y estabilidad financiera, económica y social.
¡Creemos en Manizales! Sabemos de su capacidad parasuperar las adversidades. Conocemos la voluntad de los líderes que sufrieron ese bajón anímico que los alejó de hacer parte de la solución, y hoy reaparecen silenciosos pero efectivos, con todos los ímpetus para contribuir en este renacimiento. Sabemos que la fuerza de una comunidad culta, hidalga y amante de su tierra es más poderosa que cualquier desastre, y que esa fuerza convertida en acciones superará la debacle que padecemos.
No es hora de lamentaciones, pues no conducen a nada. Ni de inculpaciones mediáticas, que solo generan zozobra. Ni de llantos o plañideras. ¡Llegó la hora del renacimiento! Ese renacimiento que requiere decisión, carácter, altruismo y trabajo. Llegó la hora de mostrar la casta y enjundia que siempre hemos tenido y que, por razones del destino, las enterramos en los últimos años.
Hagámosle honor a este texto extraído del Pregón de la Feria que, por fortuna, recuperamos a partir de este año: “Incorpórate, pues, Manizales vibra y canta al amparo de tu probada hidalguía, bajo la transparencia abierta de su cielo sobre el plinto verde de tu colina, enciende nuevamente las fogatas del entusiasmo y echa a volar otra vez en el viento los cascabeles de tu alegría y de tu risa.”.
Y como no es función del gobernante juzgar ni castigar, tenemos que confiar en que la justicia hará lo suyo. ¡Mientras tanto, dediquémonos a incorporarnos y a renacer!¡La hora es ya!
