Gustavo Petro cogió de parche a los colombianos

Por: Andrés Villota

Gustavo Petro se burla, se mofa, se ríe de los colombianos. Juega con sus ilusiones, los engaña, los estafa, se la monta, los vuelve chacota. Percibe al pueblo colombiano como a una parranda de idiotas, de subnormales, que no se merecen respeto sino conmiseración por ser tan giles.
 
Petro pone a prueba a la opinión pública colombiana, tratándola como a un gran pedazo de caucho, al que estira y estira pero que sabe, de antemano, que no se revienta porque los dueños de la narrativa se inventaron que Colombia tiene una sociedad resiliente, por ende, debe dejarse humillar, someterse a vejámenes, ser el blanco de reiteradas faltas de respeto y abusos del poder, sin chistar, porque su virtud, radica en no revirar jamás.
 
El Progresismo, en el mundo, trata como a subnormales a todos y por eso, su discurso logró convencer al pueblo, que es inútil, incapaz e incompetente para valerse por si mismo, creando lazos enormes de dependencia del Estado, con una facilidad sorprendente.
 
El mismo Estado se inventó, que les tiene que pagar la educación, la salud y darles de comer a los más idiotas de la población. Y los amenaza diciéndoles que si salen de la miseria, se van a ubicar del lado equivocado porque van a ser ricos, de “derecha” y no van a volver a depender del Estado.  
 
Petro, no respeta a los colombianos porque ya les midió el aceite y cree que son tontos. Sólo, una sociedad de tarados, admite que Gustavo Petro la pisotee, en nombre de la justicia social y del cambio climático, con el soporte académico e intelectual de un ejercito de artistas, meretrices virtuales, actores decadentes y una intelectualidad degenerada e ignorante.
 
Cada alocución presidencial es la versión petriana del Delirio sobre el Chimborazo del masón Simón Bolívar que, parece, lo hace bajo la influencia de algún alucinógeno o de alguna droga potente que lo hace desconectarse de la realidad, como a esos caciques indígenas que se toman el yagé para poder ver el futuro de su tribu. 
 
Esto le permite a Petro, hablarle a cincuenta millones de colombianos, totalmente drogado o borracho, en un acto supremo de irrespeto, burlándose de una sociedad, que sigue convencida que las FARC, el ELN y el M-19, se roba a los niños para conformar un ejército infantil, con el que se van a tomar el poder por las armas, a pesar de las pruebas contundentes que demuestran que los grupos terroristas colombianos, son los que dominan el tráfico mundial de niños para venderlos como esclavos sexuales a las élites pedófilas.
 
O que cree que un hombre disfrazado de mujer es una mujer. O que el aborto es un derecho humano de una mujer que decide sobre su cuerpo cuando asesina a su hijo. O que el partido Nacional Socialista Obrero Alemán y el partido Fascista Italiano, son de extrema derecha.
 
Gustavo Petro promovió la corrección política y condenó la polarización, es decir, todos deben repetir lo mismo que él dice. Exaltar al hampa, glorificar el terrorismo, sacralizar la superchería e idolatrar a la muerte. Todos deben ser iguales a él y someterse a sus dogmas o, de lo contrario, son extremistas, radicales y su postura polariza a la sociedad, mostrando falsamente que está dividida en dos mitades iguales, cuando en la realidad, la narrativa decadente del Progresismo que representa, es una inmensa minoría.
 
Después de probar el grado de estupidez, fue muy fácil robarse las elecciones legislativas y presidenciales del año 2022, sin que nadie dijera nada. Los colombianos han demostrado de qué están hechos, cuando dejaron que Gustavo Petro se robara las elecciones y los partidos políticos tradicionales se opusieron al reconteo de los votos que permitiera confirmar que esos votos que “encontró” el MOE de Alejandra Barrios, ex militante del grupo terrorista M19, una cachorra de Soros, eran de verdad.
 
A pesar de ser el presidente elegido con el mayor número de votos en toda la historia republicana de Colombia (11’281.013), a pesar de haber crecido el Censo Electoral, solamente, el 7,11%, Gustavo Petro, logró en solo 3 semanas, el récord histórico de aumentar su votación el 24,40%, pasando de 8’527.768 de votos en la primera vuelta a 11’281.013 de votos en la segunda vuelta. Un imposible estadístico.
 
Petro logró reducir la abstención electoral a solo el 41,91%, la abstención más baja en todo el Siglo XXI. Logró una gesta épica entre los votantes jóvenes, a los que convenció que votaran por él, después de haber obtenido, su movimiento político, solamente, 23.989 voticos en la elección de los Consejos de Juventud, el 5 de diciembre del 2021
 
Cualquiera que aplique la Ley de Benford, a estos resultados electorales, podría probar muy fácil el fraude electoral porque esos resultados son imposibles en términos estadísticos reales. No es una coincidencia que, hace poco, Gustavo Petro despotricara de la Estadística y de sus leyes y postulados.
 
Y por si lo siguen dudando, aparecen unos que invocan a la Constitución y exigen respetarla, aceptando los resultados electorales, como si en alguna Constitución, en el mundo, existiera un artículo que permitiera el fraude electoral o que legitimara robarse unas elecciones.
 
Frente a este escenario apocalíptico, los que votaron por Gustavo Petro desaparecieron. Los que, con sus supuestos votos, hicieron de Gustavo Petro el fenómeno político más importante en toda la historia de Colombia, como lo demuestran los resultados que aparecieron en los servidores de INDRA, curiosamente, no aparecen, ni lo defienden, ni lo apoyan.
 
El nivel paupérrimo de los burócratas y del equipo de gobierno de Gustavo Petro, que son todos los fracasados, los desahuciados del mercado laboral productivo de Colombia, el lumpen de la sociedad, están ahí, para demostrar el desprecio profundo que siente por el pueblo colombiano.
 
Los ministros, los viceministros, son perfectos incompetentes, inútiles, mostrando que la burocracia es innecesaria o, mejor, que cualquier pobre diablo puede ser burócrata, sin necesidad de méritos o merecimientos, ante el aplauso general de la tribuna que cree que, ahora sí, está representada la verdadera escoria de la sociedad colombiana.
 
El inconformismo social, los estallidos sociales, las protestas sociales, el genocidio de líderes sociales, la multitudinaria movilización social, la exclusión social de todos los que no son Petristas, el hambre generalizada entre los pueblos aborígenes, los jóvenes estudiantes tomándose las calles y la diáspora de colombianos, son apenas algunos de los fenómenos sociales que se han multiplicado por culpa de la gestión de Gustavo Petro.
 
El pueblo colombiano, se vanagloria por ser gente echada pa’lante, avispada, abeja, superdotada y muy de vanguardia, aunque Margarita Rosa de Francisco, que padece un enorme deterioro neuronal causado por el consumo desmesurado de estupefacientes desde el siglo pasado, naturaliza y normaliza atrocidades, como un símbolo de status en la Miami decadente en la que vive, porque se encuentra alineada con las atrocidades culturales, la degeneración social y el comportamiento salvaje de todo lo que ocurre en Europa.
 
Todo esto, legitimado e institucionalizado desde la Corte Constitucional colombiana, gobernada por abogados mediocres, excluidos del mercado laboral por ser malos profesionales, que los convierte en resentidos, con sed de venganza social. Se trata de personajes siniestros, que han estudiado en colegios de alguna de las colonias europeas de Bogotá, por lo que asumen y presumen, que son iluminados que pertenecen al Avant-garde de Chapinero Alto.
 
El oscuro aparato de propaganda estatal de imágenes generadas por computadora (CGI), es una herramienta usada por Petro para burlarse de los colombianos. Usa fotos y videos de otras latitudes para presentarlos como hechos en Colombia y, por ejemplo, hace mezclas de las diatribas de Petro con ovaciones recibidas por otros líderes mundiales. O ubican en una misma foto a personas que ese día no estaban en el lugar en el que, supuestamente, se tomó la foto.
 
En el mundo, a Gustavo Petro, ya lo ven como el imbécil que es, un perfecto hazmerreír que, por ley transitiva, muestra a los colombianos como unos idiotas peores que su líder, por haberlo elegido.

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