Francia Márquez, esclava de la cultura Woke

Su discurso racista y la ‘Reparación Histórica’ son parte de un libreto, del supremacismo negro que representa, de un ritual contra la cultura occidental y el hombre blanco al que llaman esclavista y colonizador. Racismo puro y duro en pleno Siglo XXI

Un discurso de odio y racismo se esparce rápidamente y como nunca antes sobre los pueblos de Latinoamérica y Europa. Se denomina ‘Cultura Woke’ y una de sus misioneras más leales y obedientes es Francia Márquez Mina.

La vicepresidente de Colombia es una ficha de la progre Cultura Woke. Proclama, con el puño en alto, la justicia racial, histórica y de género, bajo una expresión del marxismo postmoderno, de la ultra extrema izquierda presente en todos los escenarios de la sociedad y la política.

Su puño en alto, su todes y todas, mayores y mayoras, su lenguaje provisto de resentimiento, sus reclamos de justicia racial e histórica, son sólo parte de un libreto, un libreto que ella repite y repite sin propiedad, con la obsecuencia de quien ha sido domesticado desde muy joven en la demagogia del supremacismo negro.

Francia Márquez espera ser protagonista en la implementación de los rituales de la cultura Woke en Colombia. Para cumplir con ese propósito, es clave el recién creado ministerio de la igualdad, una entidad con burocracia y costos al servicio de la agenda racista y excluyente de sus jefes ideológicos, tal como ocurre con el ministerio de la ‘igualdad en España’.

Llegar a las aulas en colegios y universidades con ese relato es uno de las metas de la cultura Woke. Francia Márquez no es la única exponente de ese discurso de odio. No es una idea o concepto propio y más bien forma parte de la agenda de la ultraizquierda radical en América y Europa.

En España, Argentina, Bolivia, Chile, Nicaragua, Venezuela, Brasil, Cuba, Colombia y otros países del denominado frente progresista, la ‘Cultura Woke’ ya hace de las suyas.

En universidades y colegios se habla de reparaciones históricas y se señala el color de piel de quienes piensen distinto o simplemente de quien no sea negro o indígena. La progre cultura Woke sueña con una purga de la cultura occidental.

Se trata de una guerra cultural contra el hombre blanco (no negro) quien debe sentir vergüenza por existir, por respirar. Es todo un ritual contra sus contrarios políticos a quienes llaman ‘blancos colonizadores’ y desprecian por razón de su origen o color de piel.

En pleno Siglo XXI hablan de esclavistas y de deudas históricas. Plantean un escenario en el que negros e indígenas reclaman todo y nada a quienes consideran blancos o simplemente no son de su color de piel o etnia.

No son pocos los trinos y manifestaciones públicas de Francia Márquez en ese sentido.

El discurso de odio no se queda en los reclamos simbólicos o de inclusión.

La cultura Woke tiene visos de proyecto de venganza histórica. Derribar estatuas, quemar iglesias, destruir la familia como núcleo de la sociedad y hasta acabar con la condición natural de hombres y mujeres con la que nacemos todos, es parte del plan de trabajo.

La cultura Woke pretende obligar al hombre blanco, o a los que ellos consideran “blancos”, a pasar por un ritual de aceptación, peor de sumisión, al antirracismo revolucionario. El hombre blanco debe hacerse perdonar aceptando ese ritual de humillación, de separación y de aislamiento.

Ese ritual lo han logrado en países del norte del continente como Canada, donde el primer ministro Trudeau, participó en una manifestación de BLM en Otawa, en junio de 2020, en donde se arrodilló ante ellos, los de BLM, los orientadores ideológicos de Francia Márquez.

Para los Woke el hombre occidental debe inmolarse simbólicamente ante un altar revolucionario popular improvisado. Falta poco para que impongan eso en las universidades, a ciertos profesores y al propio Gustavo Petro.

La ‘Reparación Histórica’ también incluye la exótica propuesta de desconocer la deuda externa con los países de Europa que le hayan otorgado préstamos a los países que en el pasado fueron colonizados.

La propuesta es real y la planteó Francia Márquez ya en el cargo de vicepresidente de la República.

Francia Márquez ha pasado de los reclamos ancestrales a los señalamientos contra quienes ella considera ‘blancos’ y contra personas de su propia raza: a la gloria del fútbol Faustino Asprilla lo llamó ‘esclavo domesticado’ y al entonces candidato Polo Polo lo denigró hasta llegar al límite de llamarlo ‘pelele’.

Es el grupo Black Lives Matters, considerado terrorista en Estados Unidos, el es mayor exponente de esa nueva y peligrosa tendencia: el supremacismo negro

Ver: Una corta biografía de Ángela Davis, la inspiración de Francia Márquez

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