Por: Andrés Villota
Jennifer Dalley Pedraza, con su estilo extorsivo-compulsivo, cómo ya es habitual, apareció en un video de producción barata, emplazando a, Carolina Restrepo, la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para que siguiera gastando miles de millones de pesos en los mismos contratos absurdos e inútiles y en las mismas magnitudes que lo hacía el instituto durante el gobierno de Gustavo Petro.
Este ultimátum estuvo acompañado de actos terroristas. Idéntico a cuando ella (Jennifer Dalley) lideró un movimiento estudiantil para exigir al gobierno de Iván Duque, el aumento exponencial del presupuesto de la Universidad Nacional de Colombia, acompañado de la amenaza terrorista del grupo juvenil de terroristas urbanos, La Primera Línea. A Jennifer Dalley, en agradecimiento y para premiarla por su gestión extorsiva, le dieron una corbata en la misma universidad y luego la sentaron en el Congreso de la República.
En una abierta contradicción de Jennifer Dalley, exige que se aumente el presupuesto del ICBF, para los niños y las familias, aunque ella ha sido una de las principales impulsadoras para acabar con la población infantil de Colombia que, a la fecha, ha disminuido de manera ostensible, precisamente, porque Jennifer Dalley y sus secuaces feministas, promueven el aborto, la eugenesia, la castración química de los niños y la destrucción de la familia, evitando el apareamiento natural de los hombres con las mujeres.
En el Instituto Caro y Cuervo, atacan sin clemencia al nuevo director, el gran poeta, Sergio Esteban Vélez, porque acabó con todos los gastos, contratos y actividades que no tienen nada que ver con la función del instituto. Los Petristas, exigen que le sigan entregando miles de millones de pesos que perpetúen las actividades realizadas por las anteriores directoras del instituto, Daniella Sánchez Russo y Carmen Elisa Acosta.
El anterior Ministro de las Culturas, el ultrapetrista Juan David Correa, escupió sobre la identidad nacional al afirmar sin vergüenza que “el idioma castellano no fue un bien para el país». El Petrismo sustituyó la filología pura por la «decolonialidad», la deconstrucción lingüística y el odio antipatriarcal.
Impusieron ciclos de conferencias sobre «Estrategias antirracistas, antipatriarcales y decoloniales”. Utilizaron los recursos del Estado para financiar la «resistencia» y romantizar el terrorismo de las guerrillas comunistas. Convirtieron los laboratorios creativos del instituto en talleres de propaganda para excombatientes de las FARC, publicando libros como «¿Qué ruido hace un beso? Experiencias homoeróticas en excombatientes de las antiguas FARC-EP», que confirma la fama de grupo terrorista gay, expuesta en diferentes foros, por las relaciones homosexuales entre los grandes capos del M-19, FARC y ELN, que se extendía a la “guerrillerada”.
Realizaron actividades, magnificando y justificando la Masacre de los Magistrados de las Altas Cortes colombianas a manos del grupo terrorista M-19 de Gustavo Petro, ocurrida en el Palacio de Justicia y, con eventos como la «Conferencia Nacional: Estallido Social 2021», pusieron al Instituto a teorizar sobre el vandalismo, la decapitación de policías, la destrucción de los bienes públicos y el terrorismo urbano en todas sus formas criminales.
En asocio con el Centro Nacional de Memoria Histórica, le rindieron culto al grupo terrorista M-19 de Gustavo Petro, al grupo de terroristas juveniles, La Primera Línea y a la «resistencia», con el proyecto «La hoja que une», una edición de tres tomos bilingües, en la que se dedicaron a «resignificar» la coca y atacar frontalmente la guerra contra las drogas bajo el libreto de la «Paz Total».
Transformaron el Instituto en un antro de perdición, en una trinchera de los terroristas de Hamás y en promotor del activismo propalestino, dictando el curso de «Literatura palestina» y actividades como «Palestina y la arquitectura de la violencia global». Paradójicamente, el instituto y el movimiento LGBTI promovía la causa Palestina aunque, en Palestina, todos serían exterminados por culpa de sus preferencias sexuales.
Fomentaron el resentimiento y el odio de clases en agendas académicas con conferencias como «Lumpencapitalismo en Colombia: la guerra privatizada y su deriva paramilitar», el libro «Empoderamiento y justicia social en el aprendizaje de español e inglés”, la cartilla «Propuesta didáctica para la enseñanza de comparaciones estereotipadas en la clase de Español Lengua Extranjera», el proyecto «Resistir la Desigualdad Lingüística», reduciendo la historia económica y cultural del país a dogmas marxistas y keynesianos.
Y, por si fuera poco todo lo anterior, metieron a la fuerza la agenda WOKE y de género en un instituto de alta lingüística, al imponer de manera transversal el enfoque de «Orientaciones Sexuales e Identidades de Género No Hegemónicas» (OSIGNH) y publicaron libros como «Narrativas sexuales y de género en el Cauca: Narrativas Maricas Transfeministas», en el mismo sentido de la inmensa presencia gay en los grupos terroristas de las FARC, M-19 y ELN.
Las anteriores directoras del Caro y Cuervo, Daniella Sánchez Russo y Carmen Elisa Acosta, en lugar de estar intentando tumbar al nuevo director, deben responder ante las autoridades competentes y el FBI debe realizar la investigación sobre el destino final de los recursos del instituto que, de pronto, terminaron en Palestina, financiando grupos terroristas, en medio de este bacanal, que el Petrismo quiere perpetuar, de gasto público inútil, que violó de manera flagrante los objetivos fundacionales, institucionales y misionales del instituto.
El profesor, Alejandro Ramelli, actual presidente de la JEP en actitud extorsiva, también, afirmó que el gobierno de los Estados Unidos, no podía acabar con el gasto inútil y el carrusel en el que se había convertido a la Agencia USAID, porque, se inventó que, “si no hay esos recursos, no se puede investigar a las FARC”, dijo con cinismo, después de casi una década de la JEP recibir esos recursos y no haber hecho investigación alguna.
Ramelli, otra vez, sale con la perla que justo cuando iban a hacer algo, no van a poder hacerlo porque les recortan el presupuesto. Una sospechosa amenaza que debe ser investigada por el FBI, también, porque aparece involucrada en el arriendo de la sede, una empresa estadounidense.
La Estética Progresista, asquerosa, terminó siendo financiada por los colombianos. Los artistas, mediocres y de pobre producción, incapaces de vivir de su obra, se inventaron, que deben ser financiados por el Estado, que los convierte en vulgares burócratas. Esos artistas de pacotilla, “exigen” que les den unos premios multimillonarios, que premien su mediocridad intelectual y su pobreza creativa y artística.
Un grupo de chiflamicas, por ejemplo,desapareció, justo, un mes después que se fue el Petrismo del poder. Un grupo mediocre que sólo sirvió para ser el telonero de una orquesta de chucu-chucu en los matrimonios de sus amigos cercanos que, por conmiseración con el guitarrista, lo contrataban. Su época de esplendor fue una gira en Europa pagada por los contribuyentes de Colombia.
Recortes en el gasto público, en la educación, son lógicos porque cada día hay menos colombianos estudiando, todos los días desaparecen colegios y las universidades se mantienen con vida, haciendo cursos hechos a la medida de los empleados de las grandes empresas colombianas. Además, el sistema educativo en Colombia, como consecuencia de la intervención del Estado, colapsó y fracasó como lo demuestra el bajo nivel del coeficiente intelectual de los jóvenes colombianos y de los pésimos resultados en la Pruebas PISA y Saber Pro.
Durante el pontificado de Jorge Mario Bergoglio, el Vaticano se convirtió en el lugar de peregrinación obligado para los Petristas y, en general, para los militantes del Nacional Socialismo Obrero global que, a pesar de ser ateos, agnósticos o satánicos, sucumbían y terminaban contactando a un gran amigo del Papa, que era, por excelencia, el gran promotor de esas romerías al Vaticano para, dicen, abrir cuentas en el IOR.
Ese promotor comercial, hasta el último momento, intentó colarse al hospital en el que agonizaba Francisco, buscando una respuesta para los múltiples clientes que llevó y que, de repente, dicen, sus extractos le llegaron un ceros, como si les hubieran confiscado todo lo que saquearon al erario publico de sus países. Y claro, ni modo de ir a quejarse al Defensor del Cliente.
El Petrismo, groggy, se resiste a la idea de tener que irse para nunca más volver y quedarse sin la fuente inagotable de recursos que eran las arcas públicas colombianas. Su accionar (el del Petrismo) torpe, errático, improvisado, desesperado, es la muestra del Síndrome de Abstinencia que afecta a todos los que consumían, diariamente, grandes dosis de dinero, prebendas y privilegios como un vehículo y un esquema de seguridad que lo usaban para hacer mercado y recoger la ropa en la lavandería.
Es el Síndrome de Abstinencia del que creyó que se iba a quedar, robando impunemente, cuatro años más y se iba a poder recuperar del descalabro financiero causado por la confiscación de su dinero mal habido, pero guardando la plata en otra parte, mejor.
