Por: Andrés Villota
Gastar, solamente, los recursos disponibles sin necesidad de endeudarse, no es algo extraordinario, no es un milagro, ni es algo “de derecha”, es, simplemente, un acto moral, un gesto de sentido común y un ejercicio de racionalidad económica para dummies.
El déficit cero se logra cuando los gastos del Estado son iguales o menores a sus ingresos corrientes, lo que elimina la necesidad de financiarse mediante la impresión de moneda sin respaldo o emitir deuda pública, interna (TES) o externa (Bonos República de Colombia).
Gustavo Petro endeudó a Colombia a niveles exorbitantes en una jugada tramposa, cosmética, con la que redujo, en apariencia, el valor nominal de la deuda pero, por el otro lado, aumentó de manera exponencial el costo financiero de Colombia en complicidad con el Banco de la República, que imprimió un montón de Pesos Colombianos sin respaldo alguno, aumentando el 30% la masa monetaria, imprimiendo, un montón más de los, ya muchos, papelitos de colores existentes.
Emitir moneda sin respaldo, llevó a la cárcel, en el año 1889, al gerente del Banco Central colombiano, Arturo Malo O’Leary, por falsificar dinero. El Banco de la República ha malinterpretado el concepto de su autonomía como una patente de Corso otorgada para falsificar moneda porque los miembros del Banco de la República se convierten en unos vulgares falsificadores, cada vez que emiten Pesos Colombianos sin respaldo.
Su actividad (la del Banco de la República) se parece a la de un granjero que cría, venenosas, víboras de cascabel, que reparte en cada casa de la ciudad en las mañanas y luego, en la tarde, se dedica a atender una tienda en la que vende el suero antiofídico que el mismo granjero fabrica.
Las víboras son la moneda sin respaldo, el veneno es la inflación y el antídoto es la tasa de intervención, la Regla de Taylor que, supuestamente, equilibra la economía porque ataja a la inflación al encarecer el acceso al crédito para que sea menor el volumen de dinero en manos de los colombianos. Sin embargo, lo importante no es la cantidad de dinero que se tenga en el bolsillo, lo verdaderamente importante es lo que se puede comprar con ese dinero.
Que la función del Banco de la República sea controlar la inflación que él mismo banco crea, es un insulto a la inteligencia de los colombianos, aparte de ser una actividad inmoral, un absurdo burocrático. Es asignarle a una infección, la función de fabricar penicilina.
Economistas, cómplices de la estafa o, tal vez, brutos, no lo tengo claro, se han dedicado a tratar de sub normales a los colombianos, diciéndoles que la inflación es causada por el abuso de poder del mercado y la especulación corporativa, según Mariana Mazzucato. O un mecanismo político y económico con efectos duales sobre la desigualdad, según Tomas Piketty. O a las altas tasas de interés fijadas por el Banco de la República, factores climáticos y choques externos como el precio del petróleo, según Gustavo Petro. O por factores de oferta, choques externos (energía, materias primas) y cuellos de botella en las cadenas de suministro globales, según Joseph Stiglitz.
La única causa de la inflación, es el aumento desmesurado de la masa monetaria, la impresión de dinero sin respaldo que, al permanecer la oferta de bienes y servicios en el mismo nivel, se ajusta la masa monetaria gigante con la oferta de los bienes y servicios, vía precio.
El señor presidente de Argentina, Javier Milei, mostró la atrocidad de la destrucción de valor y riqueza, causada, desde su fundación, por el Banco Central de Argentina. 12.819.532.788.614’400.000%, casi trece (13) millones de billones, ha sido el aumento de la inflación en los últimos 91 años de existencia del BCRA, mientras que, el Argentino Oro, una moneda acuñada en oro desde el siglo XIX, que su ley de circulación jamás fue derogada, ha sido totalmente inmune a ese nivel de inflación monstruoso y, por el contrario, ha ganado valor en el tiempo.
Desde 1931, se eliminó el Patrón Oro en Colombia, el Peso Colombiano funciona como dinero fiduciario, cuyo valor depende de la confianza en la economía y en el Estado. Tal vez por esto y para disimular la falsificación y perfeccionar la estafa, el Banco de la República mantuvo la palabra “oro” en los billetes que imprimió y las monedas que acuñó hasta el año 1993.
El colombiano promedio, en una contradicción patológica, quiere que todo cambie pero, al mismo tiempo, quiere que todo permanezca igual. Ha creado, entonces, todas las salvaguardas y los mecanismos legales para que no se pueda dejar de gastar. Toca gastar para no incurrir en una violación a la Ley, es como sí en la Constitución dijera que es un delito dejar de gastar porque el gasto publico inútil es inflexible y necesario para la existencia de la nación colombiana.
La emisión de moneda sin respaldo, crea inflación y el mismo déficit fiscal que la emisión de Títulos de Deuda Pública Interna o Externa que, a propósito, en los mercados mundiales de deuda, los bonos de Colombia son considerados basura, una porquería en términos financieros.
En el mundo, la deuda pública externa de Colombia tiene una calificación paupérrima de BB-, otorgada por S&P Global Ratings, porque, obvio, consideran que Colombia, una sociedad que eligió a Gustavo Petro y que estuvo cerca de elegir a Iván Cepeda, es una sociedad proclive al socialismo improductivo y depredador, destructor de valor, que tiene un alto riesgo de declarar el impago de su enorme deuda en el futuro.
Sospechosamente, contrario a lo que ocurre en el mundo, en el mercado de la deuda pública local, violando la racionalidad económica y el sentido común, los TES tienen una calificación superior a AAA, “riesgo soberano”, dicen, que permite a los bancos comerciales y a los bancos de inversión, miembros del programa de Creadores de Mercado del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, obtener cuantiosas utilidades, especulando con los depósitos de los clientes que usan para apalancar inmensas posiciones; operaciones especulativas que serían prohibidas por el mismo Estado al que financian, si tuvieran la calificación real (BB-) de los mercados internacionales.
Es primordial la abolición del gasto público en actividades inútiles. El presupuesto destinado a financiar la anacrónica Agenda WOKE se convirtió en el ordenador del gasto inútil por antonomasia, sin generar algún tipo de control o auditoria sobre el destino de esos recursos porque, el que lo haga, puede ser acusado de promover el discurso del odio o, peor aún, de genocida por cuestionar el uso de recursos para salvar a la humanidad de su extinción cuando se derritan los polos y se ahoguen todos.
La Pauta Oficial y RTVC, deben desaparecer y la comunicación del alto gobierno se debe limitar a la figura de los voceros presidenciales porque los medios de comunicación tradicionales, en los que pauta el Estado, no tienen audiencia alguna. Sumado a que RTVC, aparte que no tiene audiencia, se convirtió en un operador logístico, agencia de viajes, empresa de catering y prestadora de servicios de transporte Inter municipal. Algo muy importante es que el Estado no debe anunciar sus logros o desaciertos porque la sociedad, directamente, se beneficia o padece la acción de sus gobernantes.
La nula ejecución presupuestal del gobierno Petro, demostró que no se necesita de un presupuesto enorme para que el Estado pueda funcionar. El presupuesto anual, se gasta $80 para repartir $20. Es la prueba reina que el Estado no distribuye la riqueza, sino que la destruye. El Estado se roba el 80% para repartir el 20% del presupuesto, de la plata de los colombianos que trabajan y producen.
La Casta, el Régimen, con la llegada del Tigre a la presidencia de Colombia, ve que se altera las fuentes y usos de los recursos públicos, cómo lo demostró el discurso de Honorio Miguel Henríquez Pinedo, presidente del Senado de Colombia, durante la posesión presidencial del señor presidente Abelardo De la Espriella y ni hablar de lo dicho durante el foro “Proyecto Colombia” promovido por los más recalcitrantes miembros del anacrónico Ultrasantismo.
En la Patria Milagro, no puede seguir existiendo el, inmoral, gasto público inútil.
