El eco mayoritario: la voz de Ibáñez

Por: Juliana Alvarado

En ocasiones, la verdad no necesita gritar para imponerse: basta con que resuene en el corazón de un pueblo. La sentencia sobre el juramento a Dios dejó ver esa fuerza serena. Mientras algunos magistrados creyeron que borrar el nombre de Dios era signo de modernidad, la nación entera, en un murmullo unánime, se inclinó hacia las palabras del magistrado Ibáñez.

No hizo falta que Colombia saliera a las plazas ni que la gente agitara banderas; bastaba observar el silencio respetuoso que se extendió después de su intervención. Era el silencio del acuerdo mayoritario, el silencio de un pueblo que reconoce que la laicidad no es ateísmo, que la neutralidad no es exclusión, que la libertad de conciencia no se defiende eliminando a Dios del horizonte público.

Los demás argumentos, tan técnicos como fríos, se deshicieron en ese vacío. La espiral del silencio, de la que hablan los sociólogos, funcionó con naturalidad: la opinión que pretende ser dominante, pero que no logra tocar el alma del pueblo, queda relegada al rincón donde se archivan las razones sin eco. Nadie las cita, nadie las repite, nadie las recuerda.

Por el contrario, la postura de Ibáñez se convirtió en ese susurro compartido que todos reconocen como propio. Era la voz que decía lo obvio: que un Estado laico no necesita ser un Estado ateo; que la verdadera libertad es permitir que el juramento incluya a Dios para quienes creen y deje abierta la fórmula civil para quienes no. Esa es la democracia, esa es la pluralidad.

En ese momento, lo paradójico fue evidente: la supresión del juramento a Dios no ampliaba derechos, los reducía. Alguien debía decirlo, y lo dijo. Por eso su salvamento de voto se convirtió en algo más: en la conciencia pública de un país que no está dispuesto a renunciar a su raíz espiritual para complacer a una élite jurídica que confunde neutralidad con vacío.

Hoy Colombia respalda esa voz. Y el eco mayoritario ha dejado en silencio a quienes, aun con toga, olvidaron que la Constitución protege la libertad de todos, no el ateísmo de algunos.

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