El 6 de enero de 2017, Germán Vargas Lleras caminaba entre una multitud en Ciénaga de Oro, Córdoba. Un escolta entró, según sus propias palabras, «como un caballo salvaje» al lugar, arrollando asistentes. Vargas reaccionó y le propinó un golpe en la cabeza. Alguien lo grabó. El video duró tres segundos.
Según él mismo confesó en vida, fue el episodio que más le costó en términos de fama y votos. La imagen positiva de Vargas Lleras bajó de 61 a 40 por ciento en menos de tres meses tras el incidente. Su desfavorabilidad superó por primera vez su imagen positiva. Era el hombre mejor posicionado para ganar la presidencia en 2018. Después del coscorrón, nunca recuperó ese lugar.
En la campaña de 2018 terminó en el cuarto lugar. Ganó Iván Duque. Colombia vivió ocho años más de uribismo en el poder, luego cuatro de Petro. El país que hoy enfrenta la elección presidencial más incierta de las últimas décadas es, en parte, el resultado de una cadena de decisiones que arrancó con tres segundos de video en un municipio de Córdoba.
Vargas Lleras nunca aceptó del todo que la sanción fuera proporcional al episodio. «¿Tan grave fue el episodio del coscorrón?… para no mencionar a tanto guerrillero amnistiado y asesinos ahora en el ejercicio del poder, ¿son comparables una cosa y la otra?», preguntó en una de sus últimas reflexiones públicas sobre el tema.
La pregunta revela más que la respuesta. Vargas Lleras entendió la política como un campo de batalla donde los errores propios se miden contra los crímenes ajenos. Esa lógica le funcionó durante treinta años. El coscorrón le demostró que las redes sociales habían cambiado las reglas: en la era del video viral, tres segundos pesan más que tres décadas.
Murió el 8 de mayo de 2026 en Bogotá, a los 64 años, sin haber podido ser presidente. Ocupó todos los cargos posibles: concejal, senador, ministro del Interior, ministro de Vivienda, vicepresidente, menos el único que quería.
Sobrevivió a un libro bomba que le amputó tres dedos, a un carro bomba de las FARC, y a un tumor cerebral que lo operaron mientras era vicepresidente. Lo que no pudo superar fue un video de tres segundos.
