Por: Andrés Villota
Edwin Kenmerer, apodado el Money Doctor por haberle entregado la Piedra Filosofal a la élite política parasitaria de Bolivia, Colombia, Chile, Guatemala y Perú, al enseñarle a convertir el papel en oro, imprimiendo dinero sin respaldo tras promover el final del Patrón Oro, para dar paso a las monedas fiduciarias. El enviado de John Maynard Keynes, realizó una gira por la región, creando el laboratorio social y entorno ideal para lo que sería la imposición del Nuevo Orden o el IV Reich de Keynes, que son lo mismo.
No fue una coincidencia que, la misión de Kenmerer, no llegó los países ricos, gobernados por oligarcas, como en Argentina o en Brasil y se limitara a países pobres con una clase dirigente de muertos de hambre, de pobres diablos, de miserables, muy hambrienta y ávida de fama y fortuna, que aceptó la creación de un lugar para poner a funcionar una imprenta para imprimir billetes falsos para pagarse, ellos mismos, el sueldo que, obvio, hizo aumentar el gasto público inútil de manera exponencial.
John Maynard Keynes en su obra, “La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero” (1936), justificó la emisión de dinero sin respaldo y la existencia de la inflación para promover su teoría del rendimiento financiero, que compensara la pérdida del poder adquisitivo de la moneda.
Dijo, también, que las crisis económicas son por culpa de la caída en el consumo, teniendo la disculpa perfecta para imponer el Socialismo global, a través del manejo centralizado de las economías nacionales con la intervención estatal para, supuestamente, estimular la demanda agregada en la economía.
Los falsos promotores e impulsadores de la equidad y de la igualdad, parecen desconocer que, en la emisión de dinero sin respaldo, está el origen de toda la desgracia de la concentración de la riqueza que mide el Índice de Gini.
Antes, con el Patrón Oro, la distribución de la riqueza era uniforme y tendía a cero (0) porque la riqueza, primero, era real, no falsificada con emisión de moneda sin respaldo y , segundo, porque la distribución de la riqueza la creaba la eficiencia de los mercados, el mercado de los mejores, de los más competentes, por esto, todos eran prósperos porque los agentes y las fuerzas del mercado distribuían la riqueza de manera uniforme.
La distribución de la riqueza es terriblemente desigual, tiende a uno (1), porque esos Pesos Colombianos falsificados (toda la moneda sin respaldo se considera falsa), se concentra en los bolsillos de los burócratas, de los políticos, de los académicos y de los periodistas corrompidos, ellos, los PEPOBUCOS, son inmensamente ricos aunque no desarrollan actividad productiva alguna, creando enormes distorsiones en la economía nacional.
Emitir moneda sin respaldo, crea el mismo déficit fiscal que la emisión de Títulos de Deuda Pública Interna y Externa que, en los mercados mundiales de deuda, los bonos de Colombia son considerados basura porque, para nadie es un secreto, las generaciones encargadas de pagar la deuda colombiana, cada vez son menos.
Además, fueron criados como parásitos estatales o rémoras familiares, incapaces productivos que jamás van a generar los recursos para pagar, eso lo saben las calificadoras de riesgo. Representantes de la generación condenada a pagar son, Amaranta Hank (la Cicciolina colombiana), María Fernanda Carrascal y Jennifer Pedraza, un trío de magníficos ejemplos burocráticos de lo que digo.
Los bancos, en la época de la Banca Libre, eran lugares que las personas usaban para guardar sus caudales que, a manera de certificado de ese depósito, el dueño del banco expedía unos documentos en los que, el banquero, con su firma, le decía al tenedor que los podía convertir en oro cuando quisiera, lo que permitía que, mediante un acto de fe supremo, un pedazo de papel con motivos y colores artísticos, valiera oro.
Los empresarios no iban a los bancos a pedir plata prestada, se financiaban en las Bolsas de Valores, emitiendo acciones. No tenían costos financieros y si les iba mal no repartían utilidades, pero no había una deuda que debían pagar.
Judas Tadeo Landinez, el colombiano más rico que ha existido en toda la historia de Colombia, ex ministro de Hacienda del gobierno del presidente José Ignacio de Márquez, expedía unos pagares que fueron usados como moneda de intercambio comercial.
El concepto del rendimiento financiero no existía, por esto, ofreciendo pagar rendimientos sobre el oro entregado a Landinez, los habitantes de la Bogotá de mediados del siglo XIX descubrieron esa posibilidad de “inversión” que los llevó a la ruina porque, Landinez, se quebró, precisamente, por ofrecer pagar intereses, desproporcionados, a su verdadera capacidad de pago derivada de la producción de la enorme cantidad de activos que había comprado con el oro que le habían entregado en depósito.
El Banco de la República, se lo inventó el Money Doctor, no sólo como imprenta para falsificar moneda, sino como un parapeto para mantener, supuestamente, la estabilidad macroeconómica. Un absurdo conceptual porque su existencia (la del Banco de la República), es la culpable de todas las desgracias de la economía nacional desde su fundación. La desgracia más grande ha sido la pobreza que trajo la inflación.
El Banco de la República, no se endeuda desde la Constitución de 1991, entonces, sin oficio, administra la deuda a través del SEN, el mercado electrónico que creó para facilitar la negociación de la deuda local en detrimento del mercado natural de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) que, tras una campaña mediática de terrorismo financiero, termino por mostrar que invertir en acciones y convertirse en socio de las grandes empresas colombianas era supremamente inseguro, mientras que prestarle plata al Estado, gobernado por Juan Manuel Santos o Gustavo Petro y sus secuaces, es muy seguro y sensato.
Dicen que el Banco de la República es el banco de bancos, el prestamista de última instancia porque los Bancos Comerciales, por no prestarle toda la plata al Estado, tienen un alto riesgo al prestarle la plata a los colombianos. Qué tal que no le paguen, dicen, cuando le pide plata prestada al banquero.
Lo que sí hace, es desenhuesar a los amigos del director del banco, tenedores de alguna obra de arte, integrándose a la colección privada que tiene el Banco de la República, patrocinar uno que otro museo o biblioteca y pagarle la educación a sus empleados más jóvenes en la universidades del Ivy League de Estados Unidos de América. En estas tres “funciones” si es muy bueno el banco.
El banco, parece, no es de los colombianos, es un banco privado de propiedad de una familia extranjera, muy rica. O cómo se entiende la razón por la que al presidente Álvaro Uribe, en el año 2003, le prohibieron pagar la deuda externa con las reservas del Banco de la República.
O cómo se explica que el Ultrasantista, Juan José Echavarría, sí pudo entregar, sin problema, el 66% de las reservas de oro del Banco de la República para cambiarlas por monedas fiduciarias, que no valen nada, algo que ni el más imbécil de los tomadores de decisiones de inversión hubiera hecho.
O qué tal cuando el nacional socialista obrero colombiano, Gustavo Petro, dijo que usaran las pocas reservas de oro que tenía el Banco de la República, después del desfalco de Echavarría, para que se las dieran a los niños de Palestina y no se las dieron, aunque el patrón del director del banco es, su gran amigo, Ernesto Samper.
Friedrich Hayek en su libro Denationalization of Money: The Argument Refined (1978), dice que los mercados convergen en una sola moneda, cómo ya había ocurrido con el Real español y promueve que no se meta el Estado en el manejo de la moneda, que se debe dejar, mejor, al sector privado.
Milton Friedman en su libro Money Mischief (1992), propone acabar con los Bancos Centrales, años después, el presidente Donald Trump le hizo caso y la Secretaría del Tesoro, absorbió a la Reserva Federal. En Argentina, el presidente Milei, reformó los estatutos del Banco central de Argentina, paso previo, para su abolición.
El uso del Dólar americano, como moneda en Colombia, acaba con la inflación y hace uniforme la distribución de la riqueza. Observen quienes se molestan con esta propuesta y entenderán quienes son los pocos beneficiarios de la existencia del Banco de la República. Follow the Money, dicen por ahí.
