Por: Juan José Gómez
Me agrada la figura del Papa León XIV nacido Robert Francis Prevost en Chicago en 1955. Me parece un hombre bueno, con una personalidad que se caracteriza por la sencillez, el carisma misionero y una marcada vocación de servicio, fruto de su experiencia como religioso agustino y misionero en Perú.
Goza también de cierta facilidad diplomática, probablemente adquirida durante su ejercicio como Prior General de la Orden de san Agustín y Prefecto del Dicasterio para los Obispos, ya que en ambas instituciones se requiere una acertada combinación de ejercicio del poder y diplomacia, al tradicional y equilibrado estilo Vaticano.
Precisamente de este tipo de diplomacia se ha valido para capear la sorda lucha que se le ha presentado como herencia de su antecesor, el papa Francisco, entre los sectores tradicionalistas y progresistas de la Iglesia Católica, que se enmarca principalmente en las normas expedidas por el Concilio Vaticano II, que infortunadamente se dice que son ambiguas y por consiguiente susceptibles de diversas interpretaciones dentro del llamado “espíritu del concilio”, que en la actualidad ha producido como resultado no deseado una fuerte posibilidad de cisma en la iglesia alemana con su aplicación del llamado “camino sinodal”, también herencia del Papa Francisco, manejado por prelados católicos y laicos de extremo liberalismo, situación esta que contrasta con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) fundada por Monseñor Marcel Lefebvre que es acusada de extremo tradicionalismo..
El problema, visto a la luz pública y comentado por medios europeos y americanos, consiste en que el Vaticano, por intermedio del cardenal Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, mientras a los alemanes sinodales aparentemente les tolera su arrogante posición liberal/progresista, a los tradicionalistas los castiga con la excomunión porque sin permiso del Vaticano ordenaron cuatro nuevos prelados aduciendo necesidades pastorales, lo cual, según opiniones de personas versadas en asuntos religiosos no parece ni equitativo ni conveniente porque agrava el problema en favor de los tradicionalistas que aparecen como víctimas y en perjuicio de las autoridades vaticanas y de los millones de católicos que ellos representan.
Nombramientos del presidente electo
Hasta la fecha de hoy (sábado 4 de julio de 2026) el presidente electo de Colombia Abelardo De la Espriella ha comenzado a formar su gabinete con los siguientes nombramientos :
Ministerio del Interior: Rodrigo Lara Restrepo
Ministerio de Hacienda: Miguel Gómez Martínez (hermano del senador electo Enrique Gómez Martínez, ambos sobrinos del gran colombiano Álvaro Gómez Hurtado) Universidad Sergio Arboleda. Instituto de Estudios Políticos de París. Maestría en Economía Internacional.
Ministerio de Justicia: Iván Cancino González (prestigioso abogado penalista, egresado de la Universidad Externado de Colombia. Maestría en Ciencias Penales y Criminológicas)
Ministerio de Ambiente: Fabio Arjona Hincapié (biólogo marino, exviceministro de Ambiente, consultor del Banco Mundial)
Ministerio de Educación: Viviane Morales Hoyos (exfiscal general de la Nación, excongresista)
Estas designaciones han sido bien recibidas porque se trata de personas profesionales y muy bien reputadas, a las cuales, junto con los demás ministros y funcionarios por nombrar, el presidente electo les confía una ingente tarea como es la de retornar a la normalidad existente hasta la llegada al gobierno caótico y perjudicial de Gustavo Petro y de sus compañeros en la guerrilla del antiguo M-19, lo mismo que el de realizar con De la Espriella a la cabeza y la valiosa colaboración del vicepresidente José Manuel Restrepo, lo que el próximo jefe de estado y de gobierno ha denominado la Patria Milagro.
“Patadas de ahogado”
Son las que ha dado el excandidato presidencial y senador electo Iván Cepeda, al proponer la “desobediencia civil” (que en realidad parece tener toda la apariencia de una asonada como la que le hicieron al presidente Iván Duque) si el presidente electo no renunciaba a su ciudadanía norteamericana.
Al parecer Cepeda no tuvo en cuenta que De la Espriella es colombiano de nacimiento y que por tanto puede conservar dicha ciudadanía sin ningún problema constitucional o legal, de la misma manera que lo ha hecho el presidente Petro que también tiene con la colombiana la ciudadanía italiana y a nadie se le ha ocurrido pedir para él la desobediencia civi,l ni la renuncia.
No será que el excandidato presidencial Cepeda, todavía muy adolorido por la derrota del 21 de junio,” ¿está dando lo que en el lenguaje popular se llama “patadas de ahogado?
