Bajar los ánimos para subir en las encuestas

Por: El Expediente

“O nos unimos o nos morimos” les dice Tomás Uribe a los abelardistas. La frase no es de poca monta porque hoy uribistas, santistas, vargalleristas, gaviristas, pastranistas y centristas saben a ciencia cierta que lo que se juega en Colombia en estas elecciones es la supervivencia de la democracia. Y se han unido en torno a Paloma Valencia porque creen que es la única capaz de derrotar a Iván Cepeda, el candidato y heredero del presidente Gustavo Petro, quien también sabe a ciencia cierta que su proyecto político se encuentra en la disyuntiva de gobernar o morir.

Situación nada ajena para un militante permanente del M19, que enarbola siempre la frase del Che Guevara, Patria o Muerte. Para ambos bandos la cuestión es de vida o muerte.Todos a una sienten que la suerte democrática de Colombia pende de un hilo y que el dilema es democracia o dictadura.

Esto lo sintetiza magistralmente en la frase “Ojo Colombianos que esta puede ser la ultima elección democrática en el país”, que viene repitiendo el preclaro constitucionalista y maestro del derecho Mauricio Gaona, hijo del asesinado magistrado de la Corte Suprema cuando el grupo guerrillero M19 se tomó por asalto el Palacio de Justicia y protagonizó la masacre que acabó con la vida de la cúpula judicial en 1985, bajo el patrocinio del narcotraficante y terrorista Pablo Escobar. M19 del que Gustavo Petro se ufana de haber sido integrante, aunque en las ligas menores, y por el que hace esfuerzos por mantener viva su llama y su bandera.

La oposición sabe que este puede ser el último estertor democrático y quizás por eso muchos se desesperan y buscan el ahogado aguas arriba. Los palomistas culpan a los abelardistas y viceversa. El árbol de la contienda no los deja ver el bosque del enemigo principal.

Los cepedistas con la ayuda del gobierno se han dedicado a hacer la guerra sucia para que lo que va de Abelardo hasta Fajardo se canibalice. Y los antipetristas nombre de defender a Alvaro Uribe, se trenzan en acusar incluso al expresidente.

Mientras los expertos en correr líneas éticas impulsan a Cepeda y al continuismo petrista lograron enfrentar a los sectores de la derecha que compiten y a los del centro que intentan mejorar su final para no desparecer o para hacerlo dignamente.

Es obvio que cada uno quisiera que todos se unan y que todos quieren que sea en torno suyo, o de su candidato. Y es que en eso radica precisamente la democracia, que todos quieran jugar y ser el ganador. Pero lo que no tiene sentido es que se maten entre ellos. Es hora de que tanto Paloma como Abelardo llamen a sus seguidores a no resbalarse por el despeñadero del golpe bajo.

Es la apuesta de las bodegas petristas que viene dando resultado. Insólito que la oposición no sepa que esta confrontación endógena cada vez mas beligerante es orquestada por los influencer y periodistas petristas que inventan cuentas y cuentos para que se ataquen entre sí con mensajes provocadores y chismes sobre su competencia para que confundan el enemigo.

Abelardo de la Espriella lo tiene más claro que todos y precisamente por eso mismo decidió hace rato jugársela en la individual, porque piensa que es cuestión de honor y considera tibio a quien crea que hay que aliarse con la clase política para triunfar. Pero hasta el propio Gustavo Petro, que había intentado antes, ganó solo cuando entendió que en este país se gana cuando se alía con los que ponen votos.

Triunfó cuando buscó a lo peor de la clase política que es lo mejor para conseguir votos. Así derrotó Juan Manuel Santos al impoluto Antanas Mockus, con los de siempre. El mismísimo Luis Carlos Galán solo atisbó la posibilidad de ser presidente cuando reingresó al partido liberal de los de siempre.Nada más encomiable que llegar solo y sin compromisos, pero es poco estratégico no pensar en la segunda vuelta. Máxime sí las encuestas muestran desde hace meses al heredero de Petro como ganador en primera vuelta.

Y sobre todo porque la tensión polarizante ha llevado las cosas a que medio país electoral quiera el que diga Uribe y medio país al que diga Petro. Por no hacer alianzas con la clase política, la que compra votos y trafica contratos, la que en Sahagún produjo a los Musa Besaibe y Ñoño Elias que compraron los votos para la reelección a Santos, perdió las elecciones pasadas el ingeniero Rodolfo Hernández.

Es bueno y sonoro darle una cachetada a la clase política, pero de repente es un poco ingenuo imaginar un triunfo sin ella.

Quizás tenga razón Marta Lucía Ramírez, excandidata presidencial, cuando ha decidido salir a hacer un llamado para que no se ataquen más entre abelardistas y palomistas. Es normal que los del desdibujado centro, Claudia López y Sergio Fajardo disparen a cualquier parte porque no pueden dar sino patadas de ahogado, pero Paloma y Abelardo son dignos representantes de un país que le teme a que el populismo vuelva a ganar, un país que quiere cambios y al que el gobierno del cambio estafó, un país que recata lo valioso del expresidente Uribe y que quiere retomar el rumbo democrático.

Cada uno quiere a su estilo, pero ambos quieren que la democracia sobreviva. No pueden seguir por el camino de atacarse y profundizar heridas. Eso es suicida.Hay voces que claman para que cese el fuego amigo entre los opositores a la dupla Petro – Cepeda porque se corre el riesgo de perder de vista al enemigo.

Daniel Briceño, representante electo por el Centro Democrático y Uribista triple A ha dicho que no sirve sacarse los trapos al sol en este momento y que eso allana el camino al heredero.

No es tiempo de jugar con candela y es posible que el primero que dé el paso de hacer las paces entre seguidores de Abelardo y de Paloma sea el que se anote el triunfo y gane el cupo en la primera vuelta, pero para ganar en la segunda vuelta requiere sí o sí de los votos de su contrincante.

Esa fricción entre abelardistas y palomistas no aguanta ni un periodicazo más. El enemigo de Paloma no es Abelardo, ni todo lo contrario.

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