Por: El Expediente
Detrás de la sigla «Comandos de la Frontera» una de las estructuras criminales más grandes del sur de Colombia, con presencia en Putumayo, Cauca, Nariño y el corredor fronterizo con Ecuador, hay una cadena de mando con nombres y rostros concretos, varios de los cuales las autoridades colombianas y ecuatorianas han ido descabezando en los últimos dieciocho meses. El Expediente reconstruyó esa cúpula, golpe a golpe, con un hallazgo adicional que ningún medio colombiano parece haber conectado hasta ahora: la intervención militar directa de Estados Unidos contra una de sus ramificaciones en territorio ecuatoriano.
El origen de esta estructura está directamente ligado a las FARC. Los Comandos de la Frontera nacieron en 2017 como una disidencia armada surgida de la alianza entre excombatientes de los antiguos Frentes 32 y 48 de esa guerrilla y La Constru, un grupo criminal nacido en 2006 de la desmovilización de bloques paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
El vínculo con las FARC se reforzó en 2020, cuando el grupo se alió formalmente con la Segunda Marquetalia, la disidencia liderada por Luciano Marín, alias «Iván Márquez», uno de los jefes históricos de esa guerrilla durante el proceso de paz, y adoptó el nombre «Comandos de la Frontera-Ejército Bolivariano». Esa alianza se rompió en noviembre de 2024, y desde entonces el grupo opera agrupado en la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), junto con otra disidencia de las FARC, la Coordinadora Guerrillera del Pacífico.
El máximo cabecilla, preso y a la espera de extradición
Giovanny Andrés Rojas, alias «Araña», es el rostro más conocido de la estructura. Asumió el mando tras la captura de Miguel Antonio Bastidas Bravo, alias «Gárgola», en 2019, y durante años se presentó públicamente como un interlocutor de paz: en diciembre de 2024, en entrevista con el periodista Winston Viracachá para El País, «Araña» y otro comandante, Jairo Marín, aseguraron su disposición a mantener el proceso de diálogo «sin importar quién sea el presidente entrante». Dos meses después, en febrero de 2025, fue capturado en plena negociación de paz con el gobierno de Gustavo Petro. Hoy permanece recluido en la cárcel La Picota de Bogotá, mientras Estados Unidos tramita su extradición por narcotráfico —un proceso que, según reportó Infobae, se mantiene «en debate» precisamente por el rol que Rojas jugó como negociador dentro de la Paz Total—. Por contar con esa orden de extradición vigente, «Araña» quedó excluido de las Zonas de Ubicación Temporal que el gobierno saliente habilitó para otros negociadores del grupo.
El golpe al bolsillo: la captura del cabecilla financiero
El 3 de febrero de 2026, autoridades colombianas capturaron en la frontera con Ecuador a Teudulio Anacona Papamija, alias «Pitufo» o «Marquetalia», en Puerto Asís, Putumayo. El entonces ministro de Defensa, Pedro Sánchez, calificó la detención de «golpe al narcoterrorismo» y explicó que «Pitufo» figuraba en informes de inteligencia como el cabecilla financiero del grupo comandado por «Araña». Anacona tenía circular roja de Interpol y era requerido por la justicia estadounidense.
El segundo al mando, capturado hace apenas dos semanas
El golpe más reciente contra la cúpula ocurrió hace solo dos semanas: el Gaula militar, en coordinación con el CTI de la Fiscalía, capturó a Luis Carlos Vélez Romero, alias «El Mono», señalado como mano derecha de «Araña» y presunto segundo al mando de toda la estructura. La operación se realizó en la vereda Santa Brigada, municipio de Córdoba, donde las tropas hallaron una tonelada de cocaína lista para enviar a Centro y Norteamérica, más de mil galones de insumos químicos y un laboratorio con capacidad para producir hasta dos toneladas mensuales de droga. Según el Ejército, la investigación reveló que el grupo mantiene alianzas con carteles que operan hacia Esmeraldas, Ecuador. Vélez Romero compareció ante un juez del Cauca y no aceptó los cargos de concierto para delinquir con fines de narcotráfico y tráfico de estupefacientes que le imputó la Fiscalía.
Otros nombres que las autoridades tienen en la mira
El Tiempo reveló haber tenido acceso a un informe de inteligencia que identifica al menos a doce dirigentes de la estructura, entre ellos Héctor Bastidas Bravo, alias «Bonito»; Nelson Yaguará Méndez, alias «El Indio»; y Luis Figueroa Marín, alias «Manicure» o «Popeye». Se trata de información atribuida a un solo medio con acceso a fuentes de inteligencia, que hasta ahora no ha sido confirmada de forma independiente por otras autoridades ni medios.
El hallazgo que nadie ha conectado: la intervención de Estados Unidos en Ecuador
El dato más revelador de esta reconstrucción tiene lugar fuera de Colombia. El 3 de marzo de 2026, el Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) anunció el inicio de una operación conjunta con el gobierno de Ecuador contra organizaciones criminales en la provincia fronteriza de Sucumbíos. Según declaró el propio presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, los ataques se dirigieron contra lo que su gobierno describió como campamentos de entrenamiento de las FARC, liderados por un comandante identificado como alias «Mono Tole» —a quien Wikipedia en inglés, citando fuentes de la operación, describe como el líder actual de la rama de los Comandos de la Frontera que opera del lado ecuatoriano—. El general estadounidense Francis Donovan calificó la acción conjunta como «un éxito estratégico para todas las naciones del hemisferio occidental comprometidas con desarticular y derrotar el narcoterrorismo». Este episodio, con participación militar directa de Estados Unidos contra una ramificación específica del grupo, no ha sido desarrollado en profundidad por la prensa colombiana hasta ahora.
Una cúpula fragmentada, no derrotada
La sucesión de golpes contra «Araña», «Pitufo» y «El Mono» ha debilitado la cadena de mando original de los Comandos de la Frontera, pero, según ha advertido la propia InSight Crime, esa fragmentación no equivale a la desaparición del grupo: los mandos medios que permanecen en el territorio han fortalecido vínculos directos y autónomos con redes de narcotráfico en Cauca, Nariño, Caquetá y Amazonas, en momentos en que el liderazgo formal de la organización, preso o extraditable, ya casi no tiene margen real de maniobra sobre lo que ocurre en el terreno.
