• Política de privacidad
  • Política de cookies
  • Contacto
lunes, agosto 17, 2026
16 °c
Bogota
El Expediente
  • Iniciar Sesión
  • Inicio
  • Ciudadanas
  • Corrupción
  • Opinión
  • Video
  • Redes
  • DATO El Expediente
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Ciudadanas
  • Corrupción
  • Opinión
  • Video
  • Redes
  • DATO El Expediente
El Expediente
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Expediente
Sin resultados
Ver todos los resultados
Inicio Opinión

Amores Criminales

por El Expediente
noviembre 22, 2020
en Opinión
Tiempo de leer:4 mins read
0
Los socios de Roy
287
COMPARTIDAS
487
VISITAS
Compartir en FacebookCompartir en WhatsappCompartir en TwitterTelegram

Por: Abelardo De La Espriella

El plato central de la noche, un cochinillo humeante y de buen tamaño, es colocado en el centro de la mesa. Su crocante piel, roja cobriza por el efecto del fuego candente del que recién salió, hace perfecto complemento cromático con la decoración que lleva encima.

Un par de docenas de diminutos palillos de madera han sido clavados sobre el cuerpo del cerdo para adornarlo. Se trata de una suerte de brochetas de verduras de tonalidades verdes y amarillas que, a pesar de estar atravesadas de un lado a otro con una estaca, han corrido mucha mejor suerte que el animal al que sirven de decoración.

El cochinillo está despatarrado sobre una cama de lechugas y con el hocico muy abierto, más de lo normal, sosteniendo entre sus mandíbulas una manzana también de un tamaño desproporcionado. El gesto post mortem que le ha quedado impreso deja claro que no ha sido fácil realizar la tarea y que se necesitaron varias manos para abrir sus maxilares.

En contraste, a pesar de la fruta enorme que lleva incrustada en el hocico, se le alcanza a ver sonriendo también, con una mueca burlona, como si estuviera enterado de un secreto premonitorio, del que los demás asistentes a la cena no tienen ni la menor idea. Todos creen que están en una fiesta, sin saber que en realidad asisten a la escena de un crimen.

Carlos Salim no puede dejar de observarlo, siente que el cerdo también lo está mirando. Es la mirada cómplice y acusatoria de un juez que ya sabe el final de la historia, que ya tiene más que listo el veredicto, pero se divierte con el sufrimiento del protagonista, mientras recorre los pasos que lo llevan al patíbulo.

Carlos se ha pasado la noche dando vueltas por la sala, entablando cortísimas conversaciones aquí y allá para tratar de disimular el agujero negro que lleva adentro. No es un fanático de la bebida, pero ya ha tomado un par de tragos de más. No es para menos, su matrimonio está a punto de acabar y, sin embargo, él está allí, pasando la cena de fin de año con la familia del esposo de su cuñada, tratando de disimular lo obvio, rodeado de gente que no conoce y de una docena de niños que corretean y gritan por todos lados y se multiplican como si fueran un virus de laboratorio.

Carlos pensó que, inspirados por el espíritu navideño, podrían arreglar las cosas, pero ya se está dando cuenta de que cualquier esfuerzo será en vano. Ella pasa por su lado y lo castiga con indiferencia, haciendo gala de ese don divino que poseen algunos para anular a sus contrincantes reduciendo su existencia a nada, invisibilizándolos, convirtiéndolos en menos que un cero a la izquierda, anulando por completo todo conflicto.

Carlos no debería estar allí, pero ahora está sentado en un rincón, agarrado de un vaso de whisky como si su vida dependiera de ello, mirando fijamente al cochinillo, perdido en sus cavilaciones, dándole vueltas en la cabeza a las mismas ideas y a los mismos recuerdos una y otra y otra vez. Debió haber dicho que no, aceptar que no podrá recuperar a la mujer de su vida e irse a cualquier otro lugar del mundo a pasar el fin de año mascullando a solas su tristeza.

Alrededor de la bandeja donde está dispuesto el cochinillo, varias manos hábiles y enguantadas terminan de disponer lo que será una cena de Año Nuevo inolvidable, por la exquisitez de los platillos, pero, además, por lo que sucederá a continuación.

Las manecillas de un feo reloj de péndulo, vetusto y enorme que prevalece en medio del resto del mobiliario del salón, marcan las once de la noche en punto. Sus campanadas retumban anunciando que lo nuevo llega y que lo viejo se va. Ya se ven en las caras de los invitados los efectos del licor que los meseros se han encargado juiciosamente de surtir desde el principio de la noche.

¡En esta familia se bebe de verdad! Grita cada hora el dueño de la casa, haciendo sentir su soberanía. ¡El último que quede en pie, despierta al primero que se duerma! Ustedes sigan sirviendo que el hígado y el de arriba son los que dicen cuándo hay que parar, yo no.

La familia en pleno hace un efusivo brindis que termina en una risotada comunal que queda retumbando en el amplio salón del comedor. Ella también ríe, como si nada estuviera pasando. ¿Cómo hace para disimular la inquietud, la frustración, el dolor? En ningún momento se le ve decaída, al contrario, se ve más bella y luminosa que nunca.

Él la mira y la mira y la mira, y ella lo evita, pero en los momentos en que por error sus miradas coinciden, ella lo atraviesa, lo asesina con esos ojos verdes aceituna que un año atrás reflejaban la admiración, la entrega, el amor incondicional y profundo que sentía por él. Ahora ella lo mira haciéndole saber que ya no es y nunca volverá a ser el centro de su universo.

Continuará……..

(Visitas Totales 405 )
Compartir115EnviarTweet72Compartir
El Expediente

El Expediente

Deje un comentario

¿Quieres Apoyarnos?


 

Popular

  • Escándalo por paseo del ministro de Vivienda a Santa Marta en medio de la tragedia

    Escándalo por paseo del ministro de Vivienda a Santa Marta en medio de la tragedia

    73 Compartidas
    Compartir 29 Tweet 18
  • Roni Kaplan, el portavoz de Israel que llegó a Colombia: de la guerra en Gaza a rescatista en Cali tras el terremoto

    93 Compartidas
    Compartir 37 Tweet 23
  • Imposible pasar la página con Petro

    48 Compartidas
    Compartir 19 Tweet 12
  • ¿Agradecer a Dios?

    31 Compartidas
    Compartir 12 Tweet 8
  • ¿Cómo viajó Verónica Alcocer a Suecia? La ex primera dama viajó con Petro a Cuba en FAC001. Allá tomó un vuelo de Aeroflot Russian Airlines hacía Moscú y desde allí otro vuelo hacia Suecia 

    314 Compartidas
    Compartir 126 Tweet 79
Tweets by EIExpedienteCol

Facebook

Recomendado

Proceso contra Petro por crímenes de lesa humanidad y de guerra, en Madrid España, la ONU y el Parlamento Europeo

Proceso contra Petro por crímenes de lesa humanidad y de guerra, en Madrid España, la ONU y el Parlamento Europeo

2 años atrás
Petro ordena que Olmedo López y Sneyder Pinilla no sean recluidos en guarniciones militares ¿Quiere que los maten en la Modelo o en la Picota? 

Petro ordena que Olmedo López y Sneyder Pinilla no sean recluidos en guarniciones militares ¿Quiere que los maten en la Modelo o en la Picota? 

2 años atrás
El Expediente

Dirección: Carrera 19A # 84 - 29 oficina 502
Teléfono: 3132161175
Contáctenos: info@elexpediente.co

Nuestro compromiso es con la verdad.

Secciones

  • Ciudadanas (117)
  • Corrupción (887)
  • DATO El Expediente (520)
  • Opinión (3.584)
  • Postconflicto (32)
  • Redes (9)

Redes

  • Política de privacidad
  • Política de cookies
  • Contacto

El Expediente Todos los derechos reservados © 2022

¡Bienvenido de nuevo!

Inicie sesión en su cuenta

¿Olvido su contraseña?

Retrieve your password

Ingrese su nombre de usuario o dirección de correo electrónico para restablecer su contraseña.

Iniciar
Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Ciudadanas
  • Corrupción
  • Opinión
  • Video
  • Redes
  • DATO El Expediente

El Expediente Todos los derechos reservados © 2022

Ir a la versión móvil