Por: TC (R) Gustavo Roa
Hace apenas unos meses, el autodenominado gobierno progresista de Petro, elevaba su más enérgica protesta contra Israel, por los actos de guerra, que realiza este país en territorio palestino, originados por los hechos terrorista del grupo criminal Hamás, que cobró la vida de varios jóvenes israelitas y de otros países.
La dialéctica victimizante, de los autodenominados “progresistas criollos”, no se hizo esperar, el gobierno de Petro, decidió irresponsablemente restringir las relaciones comerciales y de asesoría técnico científica con Israel. La bandera Palestina ondeaba en los edificios oficiales de Colombia, por orden gubernamental, tomándose abusivamente, el criterio de 50 millones de colombianos, muchos de los cuales le exigían a Petro, que realizara una descalificación pública, contra el grupo terrorista Hamás, como responsable y autor directo, de las operaciones militares que aún realiza Israel en Palestina y como respuesta al acto criminal, donde murieron muchos de sus jóvenes conciudadanos y en donde lamentablemente, han caído a lo largo de estos meses, inocentes habitantes de Palestina.
Petro, asumió una posición similar, con los cruentos ataques de Rusia contra Ucrania. Cobardemente Putin, ha ordenado ataques persistentes e indiscriminados, donde han muerto miles de ucranianos, unos defendiendo su patria, pero muchos otros, inocentes niños, mujeres y ancianos, que han sido blanco de los más salvajes y cobardes ataques, a la población civil.
Hoy, el mundo entero se asombra, ante el robo descarado del dictador y genocida Nicolás Maduro, razón por la cual la comunidad internacional, ha exigido la transparencia en el resultado de las elecciones, donde según parece, la oposición ganó por una amplia mayoría. Sin embargo, Gustavo Petro, ante este sombrío panorama del régimen de Venezuela, ordena a su embajador ante la OEA, abstenerse de votar la resolución, en la cual se planteaban las exigencias de la Organización de Estados Americanos, para exigirle al régimen de Maduro, presentar las actas de las elecciones del 28 de julio pasado. Para que esta iniciativa tuviera éxito, se necesitaba urgentemente la postura favorable de Colombia, congruente con la posición de 17 países, que exigen que el gobierno de Nicolás Maduro y todo su aparato estatal, incluyendo el Consejo Nacional Electoral CNE, el cual hace parte de los alfiles del régimen y obedecen “a pie y puntillas” la voluntad del dictador.
Es inconcebible la posición del gobierno de Petro, el cual demuestra, no solamente a los 50 millones de colombianos, que exigen una postura férrea, contra el fraude del régimen, sino a toda la población reprimida de Venezuela por el régimen de Maduro, donde para el “progresista petrista”, prima su convicción ideológica, sobre la vida y la integridad de los ciudadanos venezolanos, que han sido atacados violentamente, por las fuerzas de seguridad del régimen dictatorial de Venezuela.
La hipocresía de los autodenominados progresistas latinoamericanos, hoy es más evidente que nunca, el mundo entero así lo ha podido comprobar. De acuerdo a los análisis geoestratégicos, Colombia es el país más perjudicado con la trampa y el robo descarado del régimen madurista, sin embargo, la relación entre el tirano de Venezuela y Petro, se han estrechado con este delito electoral y se mantienen intactas, mientras sus pueblos exigen la verdad, la transparencia y el regreso a la libertad, orden y democracia a Venezuela.
Es fundamental que esta infame actitud del gobierno de Petro, con los más de 7 millones de venezolanos, que votaron por el cambio y que hoy sufren la violenta represión, incluyendo asesinatos de miembros de la oposición en la oscuridad de las calles, cometido por los colectivos de Maduro, sea muy bien analizada, por toda la sociedad colombiana, pues sería casi seguro que nos sucederá a los colombianos, como un guion preconcebido, por la izquierda latinoamericana, en las elecciones de Colombia, del año 2026.
La posición, de las diversas ramas del poder en Colombia, deben ser inflexible con Petro, el Congreso, las Cortes, los partidos políticos, los sectores productivos y la sociedad en general, debe descalificar la siniestra actitud de Petro Urrego, frente al escándalo venezolano.
La historia confirma que las actitudes de Petro, están rodeadas de mentiras, engaños, hipocresía y perfidia, pues no se compadece, que el que ayer, fue miembro activo del grupo terrorista M-19, supuestamente fundado, como consecuencia del presunto robo electoral, del 19 de abril de 1.970, ejecutado por políticos tradicionales del frente nacional, en contra del General Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza nacional popular ANAPO, hoy esté aliado con el dictador, que ha robado, no solo una vez, sino en varias ocasiones, las elecciones en el vecino país.
Demuestra esta ambivalente posición de Petro, que no conoce el principio de coherencia ética, dónde descalifica la trampa y el robo electoral, que se dio en Colombia hace años, justificando de esta manera su participación en el grupo terrorista, pero avala la conducta del dictador venezolano, a través de un guiño ideológico.
Los efectos adversos del extremismo ideológico del actual gobierno, tendrán implicaciones y consecuencias nefastas, en lo económico, en lo político y en lo social. En este último campo, es posible que la continuidad del régimen actual, genere nuevos y desbordantes movimientos de hordas violentas hacia Colombia, teniendo en cuenta, que los que están descontentos con el régimen dictatorial de Maduro, tendrán muy poco que perder, buscarán en cambio dirigirse a Colombia o a otros países de Latinoamérica, para buscar mejores horizontes.
La proyección de este fraude electoral, afectará gravemente el futuro de Colombia, pero también permitirá que más de un fanático petrista, compruebe la terrible equivocación, al continuar apoyando, un gobierno de corte similar al de Maduro. Sería nefasto que Colombia en el 2026, cayese en la misma trampa, que el autodenominado “progresismo”, indujo a cometer, en las elecciones del 2022.




